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Un mundo sin nombres de mujeres es un mundo invisible. Ana Montesinos Afonso, Mujer destacada, 2019

Si la inmortalidad es la gracia que los dioses entregan a la memoria de amigos y pueblos, las diez mujeres que propuso el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane a través de la Concejalía de Igualdad, la tienen asegurada. 

El pasado doce de abril, en el Museo Arqueológico Benahoarita, se celebró la gala de entrega del premio Mujer Destacada 2019. Diez mujeres conocidas, diez mujeres propuestas por la ciudadanía que fueron: Amelia Gómez Jiménez, María Victoria Hernández Pérez, Maribel Lorenzo Pascual, Consuelo María Álvarez Lorenzo, Milagros Acosta García, Jesús María Camacho Pérez, Rosa María Rodríguez Hernández, María Remedios González Brito y Pilar Barreto Martín y que fueron junto a Ana Montesinos, las 10 mujeres nominadas por la ciudadanía al premio Mujer Destacada 2019

Así, por segundo año consecutivo el Municipio de Los Llanos de Aridane convocó el Premio “Mujer Destacada” y celebramos la presencia de mujeres valientes que en su paso por la vida han desarrollado una labor relevante en materia de igualdad de oportunidades. Aplaudimos a las diez mujeres que han conseguido, atmósferas y trayectorias tan vitales y propicias en cada uno de sus momentos vividos, que ha trascendido para que sean ejemplo para todos nosotros.

Ana Montesinos Afonso, Mujer destacada, 2019

La primera vez que hablé con Ana María Montesinos, dialogamos sobre lo cotidiano, el presente y el pasado, las hazañas de su profesión, sobre su vida. Y me sorprendió su voz  dulce y serena, la ternura con la que me relataba hechos alegres y dolorosos.

Y me enteré, que por esas cosas del destino, del destino caprichoso, que Ana María nació en la calle de Herradores en San Cristóbal de La Laguna, Tenerife. Sus padres se habían traslado allí porque aquel verano él cumplía con La Milicia Universitaria en dicha isla.

Eran los tiempos en que The Beatles alcanzaban, por primera vez, el puesto número uno en las listas discográficas de Estados Unidos, los tiempos de la terrible guerra del Vietnam, del giro de la revolución sexual, de las protestas de los hippies, la lucha contra la discriminación racial y las manifestaciones literarias escritas por mujeres. La década en que la sexualidad se separa de la mera reproducción y se ensalza el placer y el erotismo. La liberación femenina y la desaparición de las prácticas conyugales con la luz apagada y la actitud pasiva de la esposa. La década en que podemos, ir a la universidad y comenzar a decidir nuestro destino.

Nació por tanto, en un tiempo de muchos cambios universales. Y Ana María, tenía una importante labor que desarrollar, eso que algunos dicen que tenía un destino reservado. Él de ella, era la defensa de los derechos y la igualdad de las mujeres. De hecho, trabaja como jurista adscrita a la asistencia gratuita en área de penal, vinculada a la asistencia a mujeres víctimas de violencia de género del Colegio de Abogados de Santa Cruz de La Palma, desde su constitución.

Es la mayor de cuatro hermanos la bautizaron con el nombre de su madre, Ana María, una mujer nacida en Gran Canaria, cariñosa discreta, con una consideración extraordinaria hacia los sentimientos de todo el mundo.

Bordaba, pintaba con pulcritud el paisaje de la isla de La Palma y fue secretaria del Ayuntamiento de Los LLanos durante más de  25 años.  ¿Y quién no recuerda a don Antonio Montesinos, su padre? Aquel profesor entrañable del Colegio Nazaret o de la Academia de Pepe Lavers, que había nacido en Barcelona y pasó su infancia y adolescencia en Tenerife, aquel docente que le enseñó a la mitad de la isla de La Palma Física y Química, que contaba anécdotas y sueños prometedores y animaba las excursiones de sus alumnos tocando la guitarra. Un padre con la habilidad de lograr que su hija, desde muy joven, se sintiera importante en su trabajo.

Ana, pasó una infancia feliz jugando en la acera ancha de entonces, enfrente del Pay Pay, y me contó: -Un día vi que unos chicos se burlaron de una niña, entonces, sin pensar nada, corrí hacia ellos, le agarré a uno de un brazo y al otro lo empujé, mientras agitaba las manos frenéticamente. En aquel momento yo tendría unos seis años, no lo recuerdo bien, -pero sí sé qué no soportaba las injusticias y añadió -ese fue mi primer día de gloria.

Realizó sus estudios básicos y de bachiller en Los Llanos antes de regresar a su municipio natal para licenciarse en Derecho por la Universidad de La Laguna. Y hoy, por sus méritos, Ana María se ha convertido en aridanense de adopción.

Se casó con Pedro Miguel, en San Antonio del Monte Garafía y recuerda la boda junto con el nacimiento de su hijo como los acontecimientos más felices de su vida. Después me confesó sonriéndome:

-¡Era más joven que yo! Un hombre entusiasta con cuanto le rodeaba: seres y cosas. Me enseñó a amar el paisaje de La Palma. Juntos y cogidos de la mano transitamos el cuerpo de la tierra. Y éramos tan felices que, encontrábamos tréboles de cuatro hojas, el lugar donde el mar y el cielo se unen, los refugios en los que la naturaleza de nuestra isla palmera, parece rivalizar con el hombre en quimeras y sutilezas nunca visto.

Para ella nadie la podía amar como Pedro Miguel. Pero, hace unos cuatro años, la muerte siempre está al acecho irrumpe en el sueño de Ana y el rostro de su marido se eleva hacia los cielos, fundiéndose en el gozo de la lluvia y el mar de nubes. 

Y Ana, que ya había perdido también a su madre, vuelve a pasar por el pesar la angustia y la pérdida. Pero es una mujer fuerte que, aunque no espera sueños desmesurados, disfruta de las sensaciones placenteras y de las alegrías mínimas y, sobre todo no permite que el mundo se caiga en pedazos.

En sus ratos libres, le gusta leer sobre feminismo, igualdad, gestión de emociones, crecimiento personal. Pero cuando llegan las vacaciones sueña con  otros mundos, y se deja subyugar por la novela histórica. Quizás se permite el placer de imaginarse en la Antigua Grecia, tributando a dioses paganos o quizás quiere vivir esas emociones de rabia, guerra, fe, muerte. Curiosear las intrigas políticas y filosóficas de la Edad Media.

Por los años 90 fundó junto a otras mujeres la Asocaciación Viola Palmensis, con el firme objetivo de luchar contra la violencia de género que va más allá del terrorismo machista. Una violencia que existe desde hace más de tres mil años, desde aquella época en que la mujer amaba de una forma servil, como objeto de placer, sometida, explotada, hacinada en la sombra y jurídicamente atada a su marido, considerada como patrimonio del varón o animal de carga.

Una violencia que aún hoy se sigue manifestando en la literatura, el cine, la letra de las canciones, los dibujos animados, los chistes. Incluso desde la Biblia porque creo que sería más equilibrado que la narración bíblica dijera: Al sexto día, Dios creó a Eva y desde su vientre surgió Adán. Una violencia que se manifiesta silenciando la esfera creativa femenina con el discurso del “ciberodio”: ataques homofóbicos hacia personas o grupos LGBTI, la discriminación laboral, la prostitución forzada…

Y aunque sabemos que España ha avanzado mucho en cuanto a la toma de conciencia de la sociedad sobre esta lacerante cuestión y que las estadísticas dicen que es el país de menor violencia de género en Europa, muy por detrás de Finlandia, Dinamarca, Francia o Suecia, incluso afirman que es el tercero con menos asesinatos por 100.000 habitantes.

A nosotros no nos consuelan estos datos, mientras, las denuncias de víctimas ascienden, mientras haya una sola mujer sin visibilizar, apuñalada, atropellada, quemada vida, descuartizada, lanzada al vacío, violentada psíquicamente. Mientras siga existiendo la ablación del clítoris, las bodas y los trabajos infantiles, el acoso escolar, el tráfico de órganos.

Pero hoy celebramos el empoderamiento de las mujeres y el fomento de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Porque merecemos ser amadas y amados. Celebramos que no debemos permitir que nos minen nuestra autoestima, celebramos que somos capaces de proteger nuestros sentimientos y necesidades, que debemos poner límites a los demás.

Celebramos como decía el poeta egipcio Constantino Cavafis: que si hombres y mujeres logramos aceptarnos y querernos como somos, además de ser libres, podremos ser nosotros mismos.

Celebramos que sobre el escenario lucían placas, flores y una preciosa escultura creada por Pedro Ferreiro, el galardón que reconoce la trayectoria de la Mujer Destacada, 2019, del Municipio de los Llanos de Aridane. Una alegoría del feminismo. Una Venus que representa la unión de todas las mujeres que luchan por la participación igualitaria en una sociedad de hombres y mujeres.

Gracias Ana por tu extraordinario talento, por tu labor en la defensa de las mujeres, la mejora de las condiciones sociales, por tu constante reivindicación pública sobre nuestros derechos, al margen de las aguas turbias y las luces sobre fondos negros.

  Gracias a todo el equipo de la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane por la magnífica labor que hacen. Gracias a todas las mujeres propuestas por creer en los sueños, por estar dispuestas a satisfacer los deseos imposibles, por querer alcanzar la

meta que siempre parece alejarse. Por luchar por la conquista final, sin la cual nada tiene sentido.

Por captar en el aire la historia, la nostalgia de varias generaciones, esa imagen provocativa de la lucha de mujeres junto a algunos hombres que en definitiva queremos tomar la libertad directamente del árbol de Paraíso.

Blog-rosariovalcarcel.blogspot.com

 

 



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