Trump: a la conquista del Reino Unido


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Los británicos fueron quienes colonizaron y crearon los actuales EEUU. Hoy su actual presidente quiere revertir la historia. Trump estuvo en la isla británica buscando anexar ésta  a su zona de influencia imperial.
A TROMPADAS LLEGÓ TRUMP
Trump fue invitado para conmemorar el 75 aniversario del desembarco anglo-americano en la Francia nazi, pero, poco antes de desembarcar en el aeropuerto, bombardeó al alcalde de la ciudad que le hospedaría durante media semana acusándolo de “perdedor”, entre otras cosas. Mientras todo mandatario cuando visita un país amigo mantiene cierta diplomacia y respeto a sus anfitriones Trump no dudó en atacar varias veces al burgomaestre capitalino Sadiq Khan y al Líder de la Oposición (la segunda figura más importante del país) negándose a verlo y acusando a la masiva marcha de rechazo que él encabezó contra él como si fuera puro “fake news”. También se expresó muy mal de la única compatriota suya y persona no completamente blanca en la familia real: Meghan.
En Reino Unido hay 3 millones de musulmanes quienes han estado ayunando en el ramadán durante la visita de Trump y en ellos no ha caído bien el que el presidente norteamericano (que en un momento prohibió la entrada de turistas de varios países islámicos) no les haya hecho un homenaje y haya maltratado a los dos políticos mahometanos más importantes del país:  el alcalde laborista de Londres Khan y el ministro del interior, Sajid Javid (quien también es precandidato a ser el nuevo primer  ministro conservador), a quien fue el único ministro importante que no se le invitó al banquete real con Trump y la reina (cena en la cual no habían rostros de minorías étnicas, algo que no cae bien en una sociedad que se precia de ser anti-racista).
La injerencia que Trump ha mostrado en asuntos internos británicos no tiene precedentes en Reino Unido. Él sostuvo que la salida británica de la Unión Europea (Brexit) se iba a dar de todas maneras, que era mejor hacerla sin ninguna nueva postergación este 31 de octubre y con o sin acuerdo, y que el más apropiado a ser el nuevo primer ministro es alguien del ala dura tory y, en particular, Boris Johnson, el ex ministro de relaciones exteriores.
Jeremy Corbyn, el Líder de la Oposición, le respondió que son los británicos quienes deben escoger quién les va a gobernar y cómo ha de ser su relación con la Unión Europea. Sadi Khan sostuvo que Trump no debió haber sido recibido por la corona pues es un “fascista del siglo pasado” cuyos valores sexistas, racistas, homofóbicos, islamo-fóbicos, anti-ecológicos y misóginos son lo opuesto a los de Londres, una metrópolis cosmopolita abierta, multicultural, tolerante y medioambientalista.
La marcha de protesta contra Trump del martes 4 de junio, así como la anterior que se dio en julio pasado frente a su primera visita, fue muy grande y llena de gigantes estatuas burlándose de él. Un globo enorme mostrando una caricatura de un Trump bebé twitteando volvió a sobrevolar el parque adyacente al parlamento. Esta vez, sin embargo, la policía no permitió a los manifestantes llegar hasta dicho parque por lo que se cortó la concentración en dos partes.
Nunca antes un presidente norteamericano ha recibido tanto rechazo y tampoco nunca antes fue tan abiertamente injerencistas en asuntos internos. Trump ocasionó una verdadera “trompeadera”.
“AMERICANIZAR” REINO UNIDO
El slogan central de Trump ha sido “Primero América”. Esto, por supuesto, no significa que primero están los mil millones de personas del continente americano, sino solamente el país que ocupa menos de la cuarta parte de dicho hemisferio y que se ha auto-atribuido el nombre de todos. Además, ello implica dividir a las Américas con el mayor muro que separe su parte pobre y mestiza de su norte rico y europeizante.
Trump acaba de elevar a los aranceles a sus vecinos (Canadá y México) golpeando al gobierno de López Obrador cuya nación destina el 80% de sus exportaciones a su vecino del norte. Lo más serio es que Trump se ha dado el lujo de escoger quien va a ser el presidente y el embajador del país más rico en oro negro de las Américas (Venezuela) y ha amenazado con invadir militarmente a Venezuela, Cuba y Nicaragua.
El intento de Trump de querer solo satélites suyos ha producido la ruptura del primer y único bloque hecho por las 12 repúblicas del continente sudamericano (UNASUR). Cuando la OEA celebró el 30 de abril su 71 aniversario su directiva y Trump patrocinaron un fallido golpe militar en Caracas. Por primera vez en este bloque hemisférico no están los dos países americanos con más costas en el Caribe (Cuba y Venezuela). Con Trump la OEA se ha polarizado y se ha convertido en un instrumento para sancionar, bloquear y agredir a quien él quiera invadir.
En el caso de Europa, Trump ahora quiere desintegrar al mayor y más antiguo bloque continental del mundo. Esta es la Unión Europea (UE), la cual integra a 28 países. Trump ha demandado en pleno suelo británico que Reino Unido se salga ya de la UE para recuperar su “independencia” y acercarse a EEUU. Mientras Barack Obama y otros predecesores suyos apuntalaron a la UE como un socio comercial y geo-estratégico contra Rusia y China, Trump quiere desintegrar a ésta para dar paso a múltiples estados fragmentados sin una moneda común (el euro), que no sean una competencia a EEUU y que permitan que Washington logre acuerdos bilaterales con cada uno de ellos sin tener que pasar por el consejo europeo. Por eso los asesores de Trump también han estado ayudando a los ultranacionalistas de la derecha xenofóbica a unirse y organizarse para ir socavando desde adentro al parlamento europeo.
La estancia de Trump (3-5 de junio) se da en un momento preciso. Poco antes de su arribo, se conocieron los resultados a las elecciones europeas en las cuales el Partido del Brexit de su amigo Nigel Farage logró el primer puesto con el 30.5%. Apenas él se va, el jueves 6 la ciudad de Peterborough elige a su miembro en la cámara de los comunes (donde el Partido del Brexit ganó ampliamente en las euro-elecciones) y el viernes 7 May deje el liderazgo conservador para mantenerse como primera ministra interina hasta que su partido escoja a su reemplazo a finales de julio.
El Brexit ha ocasionado la renuncia de los últimos dos primeros ministros conservadores. En junio 2016 David Cameron se retiró del cargo tras perder en dicho referéndum consciente que no tenía un plan B pues él estaba seguro que iba a ganar, tal como había triunfado en otros 2 referéndums y otras 2 elecciones generales previos. Apenas se va Trump, Theresa May abandona el liderazgo del oficialismo.
La cámara de los comunes rechazó previamente todos los 3 planes de Brexit que propuso May (uno incluso por 230 votos en contra, la mayor derrota parlamentaria en la historia británica) y una docena más de otros propuestos por parlamentarios de todas las bancadas. Su cuarto intento generó muchos rechazos en su gabinete y bancada y tuvo que abortarlos. Esto último ocasionó la mayor debacle electoral de la historia tory.
En las elecciones al parlamento europeo del jueves 23 de mayo los conservadores por primera vez no quedaron entre los dos primeros puestos, sino en el quinto, con menos del 9% de los votos y perdiendo en las 650 circunscripciones electorales. En sus 3 siglos de historia los tories han sido el partido que más ha gobernado a cualquier democracia multipartidaria del planeta, y nunca antes habían quedado tan mal parados.
Hoy los conservadores están en una crisis existencial. Johnson dice que si no concretan el Brexit el electorado les castigará, pero si intentan hacerlo sin acuerdo con la UE el partido se dividirá y el parlamento lo vetará.
Por lo demás. Si bien es cierto que el Partido del Brexit obtuvo el primer puesto con en las euro-elecciones con el 30.5% de los votos, la suma de los 13 partidos pro-UE fue de 45% y la de los 5 anti-EU fue de 35%, una diferencia de 7 puntos (casi el doble con la cual ganó el salirse de la UE en el referéndum del 2016). Quienes más crecieron en las euro-elecciones fueron los liberales, verdes y nacionalistas de Escocia y Gales quienes abiertamente llaman a anular el Brexit.
TRUMP QUIERE NOMINAR AL NUEVO PRIMER MINISTRO
Reino Unido tiene un sistema de elección de su gobernante muy diferente al de cualquier república. El jefe de Estado y la Cámara alta en ese país nunca han sido electos. Cada uno de los 650 distritos electorales vota por su miembro en la cámara de los comunes, sistema que filtra el ingreso de partidos menores y que hace que solamente los dos mayores partidos acaparan casi el 90% del parlamento (conservadores y laboristas).
La reina invita a su palacio al líder o lideresa del partido que pueda comandar una mayoría parlamentaria absoluta, por lo que ella hoy debe escoger al líder conservador. Para decidir quien ocupe dicho cargo los 313 parlamentarios tories deben ir votando en varias rondas entre todos los precandidatos, hasta que al final se permite a sus 130,000 militantes dirimir entre los dos más votados. Así un partido que tiene menos del 0.3% de la población y donde la mayoría de sus militantes son adultos mayores, varones y blancos, es quien escoge al gobernante, al margen del 99.7% restante.
En este sistema es importante el rol de Trump como líder de la mayor potencia y aliado del Reino Unido, y como el hombre que podría dar un salvavidas al Brexit. A diferencia de la reina que debe mantenerse neutral, el mandatario de la anterior colonia hoy tornada mega-potencia, Trump, sí se atreve a querer ser el verdadero elector del nuevo primer ministro
El 10 de junio se cierran las inscripciones para postular al liderazgo conservador y hay una docena de precandidatos. Boris Johnson es el favorito de Trump porque coincide con él en que el 31 de octubre hay que romper con la UE con o sin trato, pero hay otros, como su rival Michael Gove que sostienen que el nuevo primer ministro no va a tener tiempo para renegociar un nuevo acuerdo y que es mejor postergarlo para el año siguiente, mientras otros precandidatos aceptan la posibilidad de un nuevo referéndum o un acuerdo entre los principales partidos.
Trump ha puesto todo su peso a favor de los duros como Johnson y del Partido del Brexit. Él viene prometiendo a Londres que si se salen pronto de la UE él les va a ofrecer un acuerdo económico especial para que las exportaciones británicas tengan trato preferencial en el gran mercado norteamericano. Sin embargo, eso viene con condicionantes. Trump quiere que Londres abra el sistema nacional de salud (NHS, lo que más quieren los británicos pues les da atención médica gratuita universal y de calidad) a sus multinacionales y que el Reino Unido vaya abandonando el modelo de protección social europeo para adoptar uno como el norteamericano donde hay recortes en el presupuesto estatal a la educación y salud y se dan liberaciones tributarias a las grandes corporaciones.
Ronald Reagan y Theresa May, gobernantes de los mismos partidos republicano y conservador que hoy comandan a Washington y Londres, hicieron antes una alianza tan estrecha con la cual ambos doblegaron a la Unión Soviética, ganaron la guerra fría y reestructurando al mundo bajo políticas privatizadoras, neo-liberales y globalizantes.
Hoy Trump busca un primer ministro británico que le sea más dócil que May (con quien choca sobre la UE, Irán, Israel, etcétera) y con quién juntos dobleguen a Rusia, China, Irán y a todos los gobiernos contestatarios del mundo, para promover un modelo de capitalismo más duro y proteccionista.
Mientras Farage, el hombre de Trump en Reino Unido, ha querido polarizar a los británicos entre los que defienden democráticamente la implementación del referéndum sobre el Brexit y los que no; la oposición laborista, la alcaldía de Londres y el gobierno nacionalista de Escocia van a querer polarizar a estas islas entre los que quieren el modelo de Trump y quienes quieren una sociedad más abierta, tolerante y protectora del medio ambiente de y los más necesitados.


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