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Tecnología, una aliada para frenar el sida

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) busca «encarrilar los esfuerzos» para poner fin a la epidemia de sida en 2030, pero, a casi nueve años de ese objetivo, en todo el mundo hay 38 millones de personas infectadas, de las que 1,7 millones están en Europa, según datos de 2019.

La mayor parte, según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades, son hombres, y en el 40 % de los casos se da en personas de entre 25 y 39 años y la enfermedad proviene de una relación sexual.

La prevención es fundamental para evitar estos contagios, y tanto los expertos como la propia comunidad gay coinciden en que las nuevas tecnologías podrían ayudar a recordar las medidas que hay que tener en cuenta en encuentros casuales de riesgo.

Y es que este tipo de citas surgen en muchos casos de internet, mediante programas y aplicaciones que buscan personas por proximidad geográfica, por lo que unir ambos conceptos, aplicación móvil y avisos, podría ser clave.

Lejos de frenar el uso de las apps de citas, la pandemia las ha potenciado: según el portal Sensor Tower estas aplicaciones han tenido un crecimiento exponencial en descargas.

«Las aplicaciones móviles han propiciado un crecimiento de las citas exprés, con lo que tener elementos que ayuden a recordar las medidas profilácticas en el momento adecuado puede tener efecto en la propagación de la enfermedad», explica el profesor Antoni Pérez Navarro, de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Por su parte, el 64 % de homosexuales encuestados en un estudio estadounidense consideraban que las aplicaciones eran una «fuente aceptable de información de salud sexual» y justamente habían sido invitados a participar en la investigación mediante cuatro programas de encuentros puntuales.

Otro estudio de 2017, en este caso español, que analizaba las relaciones entre hombres en las que se utilizaban drogas, apuntaba a que este tipo de herramientas informáticas «multiplican las posibilidades de encontrar parejas sexuales» y también defendía que deberían ser espacios de «interacción virtual» para «un mejor acceso a la prevención y reducción de riesgos».

¿Y cómo hacerlo? Los expertos apuntan distintas vías, pero hay consenso en que las nuevas tecnologías deben ser, en el campo de la salud, la manera de llegar a los ciudadanos, estén enfermos o no.

La Agencia de Salud Pública de Barcelona y la UOC pusieron en marcha en 2016 una aplicación, llamada Ubesafe, con esta finalidad: que el usuario la configurara para recibir avisos cuando utilizara una aplicación de contactos o cuando acudiera a lugares que él mismo había identificado como de riesgo. Pérez Navarro, que dirigió este trabajo, señala que los resultados fueron «muy buenos», aunque solo estuvo en funcionamiento un mes para probarla.

Los usuarios añadieron 34 mensajes de prevención a los 30 que inicialmente estaban incluidos en el programa y 9 lugares a los 7 iniciales. Estas cifras son las que ellos mismos compartieron, pero pudieron añadir más contenido en su móvil.

«Cuando el móvil detectaba que la persona se acercaba a un punto de interés, lanzaba la alerta. Tanto la detección de la posición como la alerta se gestionan localmente en el móvil, sin conectarse a ningún servidor ni compartir ningún dato automáticamente, ya que, si fuera así, podría ser peligroso para la privacidad», afirma.

La capacidad de mantener en privado datos como la localización exacta o el estado de salud ha provocado a estos programas de citas algunos problemas en el pasado. En 2018, Grindr reconoció que facilitó información sobre si sus usuarios tenían el VIH o sobre la última prueba que habían realizado, lo que suscitó críticas sobre la falta de seguridad de la aplicación, y el mismo año, un hombre amenazó con difundir un listado de 700 personas seropositivas en Málaga, pero fue finalmente juzgado, ya que había suplantado la identidad de otra persona.

Publicidad, webs y foros

La Unión Europea, mediante el Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades, propone otras vías de llegar a la comunidad gay y enviar mensajes de salud, como, por ejemplo, publicidad en Google que permita alcanzar a personas en determinados lugares geográficos, o introducir información o anuncios en aplicaciones donde se concentre el público al que va referida la información, por ejemplo, las ya mencionadas aplicaciones de citas.

Webs o foros que también aglutinen a personas que puedan mantener relaciones sexuales de riesgo serían otros sitios donde, según la entidad, se podrían incluir contenidos sanitarios. Según el centro, estas herramientas «ofrecen una oportunidad enorme para la prevención del VIH».

Por su parte, Pérez Navarro reconoce que cuando desarrollaron la aplicación pensaron en la opción de estar presentes en las redes de contactos, pero la descartaron por el posible «rechazo hacia la app de citas y hacia el negocio asociado».

«Habría que pensar bien cómo hacerlo para no generar rechazo ni al mensaje ni a la aplicación», mantiene. Lo que sí considera que funciona es la introducción de referentes de lugares o personas a las que acudir en caso de duda.

En el caso de Ubesafe, existía la opción de consultar con sanitarios, algo que «los usuarios valoraban muy bien», y también cree positiva la introducción de mensajes con la ubicación de centros para realizar pruebas, por ejemplo, como hizo CESIDA, Coordinadora estatal de VIH y sida, en una aplicación para la mejora de la salud sexual.

Apps pensadas para los jóvenes

«Es importante que las aplicaciones aporten valor por sí mismas a los usuarios, y algunas se centran mucho en lo que interesa a los promotores y tienen poco o nada en cuenta al usuario final», advierte el profesor de la UOC con respecto al desarrollo de este tipo de herramientas. En el caso de los jóvenes, como en el de otros colectivos, considera que deberían hacerse aplicaciones «pensadas para ellos».

El Ministerio de Sanidad lleva años alertando de que se observa «una disminución del uso de las medidas preventivas» entre adolescentes, por lo que los mensajes preventivos difundidos mediante las nuevas tecnologías podrían ser una manera de cambiar esta tendencia.

Según el profesor de la UOC, la clave sería hacer aplicaciones «pensadas» para el colectivo, porque, recuerda, «ellos consideran que tienen mucha información y saben mucho», por lo que se debería plantear una aproximación a ellos distinta a la de otros grupos. «Hay varios experimentos en los que se demuestra que el problema no es disponer de la información y conocerla, sino la voluntad de aplicarla», señala el experto.

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