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Rusia: ¿encontró el antídoto contra el covid?

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Mientras Rusia empieza s suministrar sus primeras vacunas contra el coronavirus, en el resto del mundo hay escepticismo. ¿Hasta qué punto el SPUTNIK V será eficaz? ¿Qué intereses comerciales y geopolíticos despierta la lucha por lograr una vacuna?

Isaac Bigio, Analista Internacional

https://www.facebook.com/rtvtelevicion/videos/1466786496842473

SPUTNIK V

Rusia ha iniciado las primeras vacunaciones contra el COVID-19. Su presidente Vladimir Putin sostiene que su país es el primero en haber logrado tal proeza, que dichas inyecciones sí funcionan y que una prueba de ello es que una de sus dos hijas la ha experimentado y ha salido bien. Por el momento, ésta ha empezado a ser suministrada a personal estratégico como el de salud o educación, para luego en octubre ser proporcionada a toda la población.

Tal es la confianza que Putin ha puesto en ella que la ha bautizado Sputnik V.

Con ello busca equiparar tal avance en la ciencia al mismo que en 1957 lo hicieran los soviéticos cuando fueron los primeros en lanzar al espacio un satélite. Entonces el Sputnik fue mostrado por el Partido Comunista como una muestra de las ventajas de la economía nacionalizada y planificada sobre el capitalismo. Ahora, sin embargo, desde hace 29 años atrás los “marxistas” han sido echados del Kremlin y la Unión Soviética se fragmentó en 15 repúblicas, siendo Rusia la principal y la única que apunta a ser una nueva potencia global capitalista.

Desde hace 21 años Putin es el hombre fuerte de Moscú habiendo encaminado a Rusia en el proyecto de reanimar todos sus elementos nacionalistas a fin de querer competir con EE.UU y la Unión Europea (UE).

Durante todo ese lapso él siempre ha tratado de mantener en la sombra a sus hijas, por temor a que ellas fuesen afectadas por la prensa. Ahora, sin embargo, él ha decidido exponer a una de ellas, lo cual es percibido como una muestra de confianza.

El anuncio ruso ha sido recibido con cautela por la Organización Mundial de la Salud, para la cual todavía no hay una “bala de plata”. Los principales genetistas del mundo sostienen que en el mejor de los escenarios la mayoría mundial recién estaría vacunada en al menos 12 meses más.

Muchos medios occidentales han puesto sus dudas en el mecanismo ruso aduciendo que es prematuro, que no ha hecho suficientes previos tests a humanos, y que puede generar falsas expectativas (que desacrediten a toda clase vacunas o que hagan que los inyectados terminen siendo más expuestos al coronavirus) o efectos colaterales.

ESCEPTICISMO

La prestigiosa revista Nature informa que la mayoría de los especialistas del planeta son escépticos a Rusia, algunos de los cuales sostienen que no es ético haber iniciado ya las vacunas recortando procedimientos y sin terminar lo que los científicos llaman la fase 3 o final (pruebas masivas a decenas de miles de voluntarios, las mismas que deben ser monitoreadas durante varias semanas).

Un gran peligro puede ser que se pueda exacerbar el impacto del virus pues puede hacer que éste entre en las células mediante los anticuerpos supuestamente generados por una inadecuada vacuna.  Según Nature solo 76 personas fueron previamente inyectadas antes de darse paso a las vacunaciones, lo cual es un número insuficiente.

Putin rechaza ello y dice, además, que su vacuna no es para mejoras de corto alcance sino de largo plazo.

El Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya, quien es el creador del Sputnik V, aduce que la rapidez de su obra se debe a que se basó en la plataforma de su positiva experiencia en hacer frete al ébola, y que todos los voluntarios regresaron sanos e inmunes después de haber estado durante 4 semanas bajo supervisión médica luego de haber sido inyectados.

En el mundo hay varios casos de vacunas que resultaron ser remedios “peor que la enfermedad”.

En 2016 más de 350 filipinos (sobre todo niños) murieron como resultado de aplicarles una vacuna contra el dengue, la misma que había demorado dos décadas en ser producida y con costos de US$ 2,000. The Guardian recuerda el incidente Cutter de 1955 cuando una vacuna impropiamente hecha contra la polio ayudó a esparcir ese virus dentro de los que se las suministraron, en vez de anular ésta.

El Instituto Gamaleya y la compañía Binnofarm empiezan a fabricar el Sputnik V en masa precisando que la vacunación a los rusos se dará de manera voluntaria.

 

Putin se puede estar jugando su propia carrera pues, si fracasa, esto podría deteriorar su imagen. Si es efectiva, él podría fortalecerse interna y externamente.

Estas dos empresas rusas ya han iniciado una serie de contratos a una veintena de naciones por más de mil millones de vacunas, algo que le sitúa en buen pie en la guerra comercial mundial por tal fármaco, un lucrativo negocio.

No solamente hay que tomar con pinzas el anuncio ruso sino también las críticas que ha despertado en Occidente donde diversos grandes laboratorios privados requieren demostrar que son los mejores candidatos para tal vacuna, a fin de justificar sus inversiones y pugnar por contratos.

GEOPOLÍTICA

La lucha por crear la primera vacuna es parte de una pugna comercial y geopolítica. Putin, quien inicialmente hizo carrera política como el hombre de Boris Yeltsin, ha buscado alterar la relación de fuerzas que heredó de este mandatario quien fue el que hizo que Moscú rompiese con el socialismo para adherirse al modelo euro-americano.

Putin aceptó las medidas de restauración capitalista de su predecesor pero poniendo un alto a las constantes concesiones a Washington, las mismas que condujeron a la desintegración soviética y que apuntaban a que Rusia perdiese algunas repúblicas internas y a su influencia sobre vecinos claves como Ucrania, Moldavia o Georgia, a quienes ha impedido que se incorporen a la OTAN o a la Unión Europea (UE) impulsando dentro de éstas repúblicas separatistas.

 

Putin ha buscado revertir la expansión de la UE hacia el este apuntalando a los que en su interior buscan quitarle poderes o fragmentarla, de allí su aval al Brexit.

 

En el Medio Oriente, Moscú decidió que no iba a permitir que Siria (un aliado histórico donde está su principal base naval extraterritorial) siguiese el camino de Afganistán, Irak y Libia siendo intervenida militarmente y fragmentada por EE.UU.

Sus bombardeos en la guerra civil siria decidieron la victoria del presidente Bashir Al Assad y de sus aliados de Irán con sus socios chiitas de Irak y Líbano.

Moscú también ha servido de paraguas militar y económico a Caracas y a Teherán, quienes, gracias a ella, han logrado sortear fuertes bloqueos económicos e intentos de derribar a sus respectivas “revoluciones nacionalistas”.

 

La presentación de Putin se dio al día siguiente de que Ecuador estuvo celebrando su aniversario nacional. Las contradicciones entre el país que tiene más nieves y el que tiene el nombre de la línea ecuatorial no pueden ser más grandes.

 

Mientras el presidente Lenin Moreno ha debido ausentarse de la capital y es uno de los mandatarios más desprestigiados del mundo gracias a la gran cantidad de muertos en las calles debido al coronavirus, en la tierra de Lenin “el rojo”, Putin quiere aprovecharse de su accionar para hacer frente al COVID-19 para erigirse como uno de los estadistas más prestigiados del planeta.

Si Putin tiene éxito eso le va a incrementar poderosamente las ambiciones geo-estratégicas del Kremlin. Por una parte debilitará la unipolaridad estadounidense en favor del bloque multipolar que lidera junto a China y en el cual están Venezuela, Cuba, Nicaragua y sus aliados caribeños, Irán y sus socios en Irak, Siria, Líbano, Palestina y Yemen.

 

En EE.UU. y Reino Unido mucho se ha hablado de la intromisión rusa en sus respectivos comicios del 2016.

 

En las presidenciales del primero del 2006 para favorecer a Trump quien impulsaba una línea de menor confrontación que Hillary Clinton, y en el referendo europeo del segundo para lograr la victoria del No a la UE.

Sin embargo, si Putin logra una vacuna eficaz él bien podría intervenir directamente en las elecciones generales norteamericanas de noviembre ofreciéndole a cualquiera de los dos rivales el antídoto contra el COVID-19, el cual viene produciendo allí la peor ola de contagios del planeta así como la peor recesión trimestral que esa potencia haya registrado en la historia.

La influencia rusa incluso podría aumentar en países con gobiernos muy a la derecha, como las petro-monarquías árabes o el Brasil de Jair Bolsonaro, todas las cuales han de estar dispuestas a acercarse a Moscú a fin de vacunar a sus tan afectadas poblaciones.

OTRAS POSIBILIDADES

Aparte de los fabricantes del Suptnik V hay alrededor de 200 institutos en todo el mundo que vienen invirtiendo muchos millones de dólares y esfuerzos en encontrar una vacuna. Varios de ellos desarrollan sus propias técnicas. Los más avanzados rivales parecen ser los chinos estadounidenses y británicos. El gobierno de esta última nación incluso se jactó que las pruebas de la universidad de Oxford podrían convertir a su potencia en la primera en conseguir una vacuna eficaz.

John Bell, un profesor de dicha universidad, advierte que, incluso si se consiguiera ésta es probable que el COID-19  se mantenga latente durante décadas. De hecho, a medida que se agranda la cantidad de humanos y su expansión sobre la naturaleza y que se descongelan los polos y glaciares van a desarrollarse nuevos virus, los mismos que saltarán de especies salvajes a personas o que afloraren tras que se derritan los hielos.

Para hacer frente a ello urge aunar esfuerzos en conservar el medio ambiente y en coordinar respuestas unificadas ante los distintos microorganismos infecciosos.

 

Aunque la vacuna rusa no funcione en todos los casos y genere problemas, la buena noticia es que ya se ha iniciado el proceso de creación de éstas, proceso que puede durar hasta l segunda mitad del 2021. No debe estar lejano el día en el cual se consiga un antídoto contra la peor pandemia de este milenio, la misma que ha destruido a la economía global.

Mientras tanto se debe evitar la propagación del virus con el constante aseo personal, manteniendo distancia social, el uso de mascarillas en lugares públicos y fuertes inversiones en la salud pública gratuita y en los beneficios sociales a los que no puedan laborar.

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