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Reino Unido : Blairistas escinden al Laborismo

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El laborismo acaba de tener su primera ruptura abierta contra el liderazgo de Jeremy Corbyn. Ocho parlamentarios han renunciado a dicho partido para conformar “El Grupo Independiente”, primer paso hacia estructurar una nueva fuerza que gire al centro.

Ciertamente que ninguno de ellos ha llegado a ser una figura prominente en algún gobierno o alcaldía y no se trata de un gran número, pues otros 240 miembros de la casa de los comunes se mantienen en las filas partidarias, así como la totalidad de sus 186 lores, 19 euro-parlamentarios, 23 miembros del Parlamento de Escocia, 29 miembros de la Asamblea de Gales, 12 miembros de la Asamblea de Londres, 14 alcaldes de grandes urbes electos directamente, 6,437 concejales municipales, y el 99% de su medio millón de afiliados.

Sin embargo, se habla de que casi una treintena de otros parlamentarios laboristas se sienten cercanos a ellos y que podrían optar por unírseles. El “grupo independiente” no ha querido aún estructurarse en un nuevo partido de centro pues abiertamente promueven acrecentar sus filas captando otros parlamentarios pro-europeos, especialmente de los conservadores anti-Brexit.

Según ellos, los dos partidos pilares del sistema británico están muy mal debido a que sus líderes se han inclinado hacia las posturas duras de la derecha y de la izquierda, respectivamente, mientras que los liberal demócratas se hayan desacreditados, por lo que es viable un nuevo partido de centro que se nutra de disidentes de otros partidos.

 

¿OTRO SDP?

 

Lo acontecido ha concitado a que muchos hablen de que se estaría repitiendo lo que pasó en 1981 cuando el ala derecha del laborismo se escindió en rechazo a Michael Foot, el líder más izquierdista que tuvo dicho partido antes de Corbyn, para formar el Partido Social Demócrata (SDP). Los socialdemócratas crearon una alianza con los liberales, la cual en 1988 dio paso al actual Partido Liberal Demócrata. Dicha “tercera fuerza” llegó a sacar un cuarto de los votos, pero, debido al sistema de representación uninominal británico, apenas logró un veinteavo del parlamento, por lo que ellos solo lograron ayudar a quitar votos a los “rojos” y permitir que Margaret Thatcher y su sucesor John Major hubiesen durado 17 años en el poder.

Empero, el nuevo “Grupo Independiente” dicen que no piensan ser un nuevo SDP ni se quieren juntar a los liberal-demócratas, quienes aún no se recuperan de haberse quemado por cogobernar con David Cameron y haber “traicionado” sus banderas en pro de una educación universitaria gratuita, entre otras. Más bien, ellos piensan disputarles el terreno de ser el nuevo partido de centro pro-europeo que atraiga disidentes de otras fuerzas.

Esta nueva agrupación acusa a Corbyn de “antisemita”, de aliarse a Estados no amigos de UK, de poner en peligro la seguridad de UK, de no estar rechazando el Brexit y de moverse hacia la izquierda radical, sin embargo, sus mentores apuntalaron al gobierno de Tony Blair – Gordon Brown durante todas sus guerras en Afganistán, Irak y Libia y en sus posiciones tan proclives a Tel Aviv en relación a anexarse ciertos territorios palestinos, así como a sus políticas económicas, la imposición de las matrículas universitarias y a su sumisión ante Bush y la OTAN.

Watson, el vice-líder del laborismo y “amigo-enemigo” de Corbyn quiere sacar provecho de tal ruptura para pedir que el partido se “modere” a fin de que dicha deserción crezca, y ésta de paso a un nuevo SDP.

 

EL DILEMA DE CORBYN

 

Corbyn, está bajo una tremenda presión de una minoría de su bancada que quiere el Brexit y una mayoría que quiere un nuevo referendo, y él busca arbitrar entre ambas queriendo transar optado por un Brexit blando que mantenga un mercado común y una unión aduanera con la UE. Si él gira un poco al centro para evitar una ruptura mayor o busca un entendimiento con Theresa May para dar paso a un Brexit blando, corre el riesgo de enajenar a su base radicalizada. Mientras tanto, Corbyn no habla ya tanto de defender a Venezuela o Irán de la agresión de Donald Trump centrando más su posición en una pro-paz y pro-dialogo.

May debe observar dicha escisión con una mezcla de alegría y preocupación. Si los “rojos” se dividen ella podría sentirse alentada a adelantar elecciones generales para lograr una mayoría parlamentaria absoluta, pues sabe que los disidentes le quitarían vitos claves a su anterior partido, con lo cual los “tories” podrían ganarle bancas. Por otra parte, ella siente que dicho efecto dominó pueda rebotar en su propio partido que está más desunido que nunca.

Un ministro de May, entre otros parlamentarios conservadores, ha acusado al ERG (Grupo de Investigaciones sobre Europa, el cual nuclea a los más duros contra la UE) de ser un partido dentro de un partido, el cual debería irse para juntarse al nuevo partido Brexit de Nigel Farage. La parlamentaria Anna Soubry no solo repite lo mismo sino que permanentemente coordina junto con  otros colegas tories pro-UE mociones contra la primera ministra y ha estado contemplando romper con su partido al que acusa de haberse estado llenando de infiltrados provenientes del UKIP.

Cuando el UKIP ganó a su único parlamentario, tras que el conservador Douglas Carswell se pasó a su partido él renunció a su asiento para que se den elecciones en su distrito, las cuáles él las ganó, y con ese se acrecentó la fuerza y el impacto del UKIP. Esta vez los 7 que se han retirado del laborismo no parece que van a querer dar tal paso pues temen no ganar elecciones en sus respectivos distritos si compiten con representantes del laborismo.

Cuando Blair empujó al laborismo hacia la derecha, los “rojos” tuvieron importantes disidentes por la izquierda, como Ken Livingstone (quien ganó las primeras elecciones a la alcaldía de Londres en el 2000 presentándose como ‘independiente’), George Galloway (quien le ganó a la representante laborista una diputación por el este de Londres) y el líder minero Arthur Scargill, pero ninguna de estas fragmentaciones dio paso a un nuevo partido fuerte a nivel nacional.

Por el momento el “Grupo Independiente” tampoco tiene un peso a nivel nacional ni nadie de la talla que llegó a tener Livingstone, por lo que Corbyn podría tratar de minimizar a los escindidos como un desgajamiento sin mucho futuro. La cuestión está en que si los fraccionados puedan ganar nuevos parlamentarios del laborismo o crear, tal vez con ayuda directa de Blair, un partido de cierta significancia y, sobre todo, porque pudiesen quitar algunos pocos puntos al laborismo en una nueva elección general, los cuáles podrían ser cruciales para evitar que Corbyn pudiese ganar una mayoría parlamentaria absoluta.

Corbyn incluso podría aprovechar la ocasión para radicalizar su manifiesto y tratar de ganar una futura elección planteándose como una alternativa “socialista” que busque elevar los salarios y el presupuesto del NHS, la policía, las entidades públicas y la participación estatal en la economía a costa de nacionalizar o incrementar tributos a las grandes corporaciones.

 

Isaac Bigio

Analista Internacional



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