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Queremos que Abimael Guzmán sea un mártir? por Isaac Bigio

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Isaac Bigio, historiador

El qué hacer con el cuerpo de Abimael Guzmán va a tener grandes proyecciones para el futuro, para lo cual hay que tomar esta decisión de manera fría y objetiva. Hoy la mayor parte de la prensa presenta al difunto jefe senderista como el peor genocida de la historia (lo cual implica que es peor que Pizarro o que los conquistadores) y como un demonio que no debe tener una tumba a fin de evitar que esta sirva para congregar a sus seguidores.

De nuestra parte no tenemos ninguna clase de simpatía por “Gonzalo”, cuyas matanzas de civiles y de menores de edad (como las de Lucanamarca 1983 en la que murieron niños y hasta un bebe de 6 meses) lo muestran como un criminal que atacaba incluso a los más pobres.

Nunca he sido maoísta y siempre he considerado que en China rige un tipo de dictadura represiva. Jamás he tenido un solo amigo senderista, pero si muchos asesinados por ellos. Tanto mi persona como otros miembros de su familia hemos llegado a sufrir los estragos de atentados terroristas.

Sin embargo, no podemos guiarnos de nuestro subjetivismo o emociones. Como historiador no conozco ningún otro caso de un connotado reo peruano que al fallecer se le niegue entregar su cadáver a su familia y se opte por incinerar y echar sus cenizas al mar, tal y cual lo ha venido planteando el actual ministro de justicia, el alcalde de Lima y muchas otras figuras.

Ello pudiese generar un precedente para que dicha práctica se de contra otros acusados por terrorismo cuando fallezcan bajo rejas, e incluso contra Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos.

Hay muchos dictadores sanguinarios y hasta gangsters como Pablo Escobar (narco-asesino de multitudes) que han sido sepultados y tienen sus respectivas tumbas. Hasta los romanos, que fueron tan despiadados, permitían que se puedan disponer los cuerpos de sus víctimas.

El presidente Pedro Castillo y el premier Guido Bellido han dicho que dejan que el poder judicial decida independientemente el destino del cuerpo inerte del caudillo senderista.

Sin embargo, el Instituto Nacional Penitenciario, dependiente del Ministro de Justicia quien fue el primero en sugerir que Abimael sea cremado y luego sus cenizas fueran regadas en alguna parte secreta del Pacífico, ha decidido trasladar a Elena Iparragirre, la viuda de Guzmán a quien legalmente se le debe entregar el cadáver, a una nueva prisión (que no se revela donde es y donde ella se encuentra incomunicada) con lo que se dificulta su accionar legal para que ella pueda reclamar el cuerpo sin vida de su marido.

Ciertamente que al privarse a Abimael de una tumba se evita que haya un sitio al cual puedan peregrinar sus adeptos. Sin embargo, al hacer ello, esto va a permitir a sus seguidores el poder incrementar la aureola de mártir del “Presidente Gonzalo”.

Cuando los romanos humillaron y crucificaron a Jesús con ello le quisieron anular, pero su martirologio le ha terminado fortaleciendo de cara a la historia. Hoy los senderistas afirman que su jefe fue torturado, no durante 3 dias,  si no durante 29 años, y que en los últimos 2 no se le permitió ver a su esposa o que ella le pudiera asistir o visitar ninguna vez cuando él estaba agonizando.

Ellos contrastan su extremo aislamiento e incomunicación con las cárceles doradas de Fujimori o Montesinos (quien desde la misma base naval donde Abimael se fue de este mundo, él  hizo muchas llamadas ofreciendo un millon de dolares a cada juez que fraguara los resultados electorales en favor de su candidata Keiko Fujimori).

Ahora su viuda anda acentuando el mito del martirologio al indicar que a ella no se le ha presentado el cuerpo de su marido y que ella cree que “Gonzalo” fue asesinado.

 

Al incomunicar y traspasar a ella a otro penal impidiendo que ella disponga de su cadáver los gonzalistas han de querer presentar al gobierno como uno que viola la ley y las tradiciones cristianas que dice defender.

Si Abimael desaparece en el mar eso no va a implicar que sus adherentes no encuentren una forma de hacerles reverencias.

Los mares cubren el 70% del planeta y ellos pueden rendirle tributo, no solo ante cualquier costa ,sino incluso en cualquier río, lago o campo que haya sido regado por la lluvia producida por las nubes emergidas del vapor marino.

En la religión monoteísta más antigua (Zoroastrianismo) los cadáveres son entregados a los buitres para que estos devoren hasta sus huesos (práctica que siguen muchos budistas).

Mil millones de hinduistas creman a sus difuntos, y todo eso no impide que tengan millones de dioses y que todos sus gurús muertos sean semi-deificados con estatuas a las que visten, lavan los dientes y peinan.

Jesucristo no tiene ninguna tumba pero hay miles de millones de crucifijos o imágenes suyas, muchas de las cuales son llevadas como collares por multitudes.

El cadáver de Osama Bin Laden fue arrojado al mar y sus seguidores sacaron ventaja de ello para martirizar y ahora acaban de volver a tomar el poder en su reducto afgano.

A Castillo le conviene respeta la ley y facilitar que el cuerpo del asesino en masa sea entregado a su viuda. Si ella decide enterrarlo en un cementerio bien pueden sus agentes sitiar ese lugar y fichar a todos los que le vienen a visitar para, de esta manera, poder ir creando una lista de todos sus seguidores. Sin una tumba no va a ser tan facil mantener tal control.

Con la muerte del semi-dios del senderismo se abre una potencial crisis sobre quién va a ser su heredero.

 

En la línea sucesiva sigue su viuda (la “camarada Miriam”) sobre la cual no sabemos cómo ha de afectar este dictamen en contra de sus derechos. No se puede descartar que surjan nuevos líderes que pidan una actitud de mayor beligerancia ante el primer gobierno de izquierda (al cual pudiesen empezar a llamar como fascistizantes siguiendo el mote que aplicaron al velazquismo).

Incluso, todo ello pudiese dar aliento a que los gonzalistas quieran infiltrar toda marcha que pueda desbordar a Castillo levantando la figura de quien ellos pretenden mostrar como un mártir o que hasta vayan empezando a querer volver a preparar un nuevo levantamiento armado.

Hasta hoy el MOVADEF y el PCP-SL no habían atacado al gobierno, pese a que no llamaron a votar por Castillo en la primera vuelta. Con lo que viene aconteciendo la “luna de miel” de SL con PL se va a ir derritiendo.

Si hay que escoger entre que mal es peor que el otro hay que poner el fiel de la balanza. Impedir a la viuda acceso al cuerpo de su difunto esposo puede ser cuestionado por organismos de derechos humanos y constitucionales por violar la ley y los preceptos cristianos, pero puede ser validado bajo el justificativo de que se trata de una situación altamente excepcional.

El problema reside en que al privar a Abimael de una tumba, si bien se le evita que tenga un lugar que sus adeptos visiten o rindan tributo, se genera un efecto opuesto pues se incrementa el discurso senderista de que es una víctima y un mártir.

Si eso pasa, los senderistas han de tener mayor libertad para poder venerar a su “Presidente Gonzalo” en cualquier lugar, incluyendo la Internet.

Al no haberles presentado el cadáver a la viuda los senderistas han de decir que tal vez ha sido para evitar que se puedan mostrar las condiciones de tortura o asesinato que ellos aducen, en tanto que varios congresistas de derecha dudan de la veracidad de su muerte.

Castillo, al seguir ese camino duro quiere demostrar que nadie dentro de su gobierno o movimiento tienen nada que ver con el MOVADEF, pero esa actitud no va a ayudar a su intento de lograr reconciliar y pacificar al país.

Una forma de derrotar al pasado terrorista sanguinario es demostrar una superioridad moral. Si los senderistas eran capaces de matar despiadadamente cientos o miles de civiles inocentes, quien quiera construir una sociedad democrática basada en el respeto a la ley debe evidenciar su capacidad de mostrar un apego a las normas y compasión.

Para quienes han fomentado el militarismo y el terruqueo exacerbar el odio les va a caer como anillo al dedo el convertir a Abimael en el primer terrorista de Occidente cuyo cuerpo es tirado al océano. Si el almirante Miguel Grau viviera el les pudiese recordar que le llamaron el caballero de los mares por algo.

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