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Primeros habitantes de Europa buscaban zonas con mucha vegetación para sobrevivir

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Reconstrucción del paleoambiente que debió reinar en Orce hace 1.5 millones de años. / Recreación realizada por Mauricio Antón a partir de los datos del yacimiento georgiano de Dmanisi

Europa.- Una investigación internacional, en la que participa la Universidad de Granada, ha obtenido nuevos datos sobre los humanos de la cuenca de Guadix-Baza durante la prehistoria. El trabajo revela que nuestros antepasados solo pudieron habitar en esta zona cuando los ecosistemas mediterráneos proporcionaron un extra de productividad.

 

Los primeros humanos que habitaron la cuenca de Guadix-Baza (Granada) durante la Prehistoria –desde hace 1,5 millones de años hasta hace 400 mil–buscaban zonas con mucha vegetación para sobrevivir. Solo pudieron habitar en esta zona cuando los ecosistemas mediterráneos proporcionaron un extra de productividad, ya que nuestros antepasados demandaban una alta cantidad de energía, insuficiente durante las fases climáticas más frías y secas.

Estas son las principales conclusiones que se extraen de un estudio liderado por investigadores de las Universidades de Helsinki (Finlandia) y Granada (UGR), publicado en la revista Quaternary Science Reviews.

Para llegar a estos resultados, los científicos han analizado los dientes de animales herbívoros, como mamuts, hipopótamos, rinocerontes, caballos, ciervos y bisontes, hallados en los distintos yacimientos de Orce (Granada). Este es el primer trabajo que analiza la evolución faunística y los cambios ecológicos acontecidos durante cuatro millones de años de historia en la cuenca de Guadix-Baza, inserta en el Geoparque de Granada.

Los dientes son estructuras anatómicas que se relacionan directamente con la dieta

Los dientes son estructuras anatómicas que se relacionan directamente con la dieta.

Para determinar la trascendencia de los principales tipos de vegetales consumidos se han aplicado dos técnicas desarrolladas por Mikael Fortelius, profesor de la Universidad de Helsinki y Visiting Scholar de la UGR.

Por un lado, el método ecométrico, que consiste en estudiar el desgaste de los dientes, y por otro las características estructurales de las piezas dentales a una docena de yacimientos que van desde hace 4,5 millones de años (yacimiento de Baza-1) hasta hace 400 mil (yacimiento de Solana del Zamborino).

Así, la presencia o ausencia de determinados refuerzos en las piezas se correlacionan muy bien con las precipitaciones y, sobre todo, con la productividad primaria, es decir, con la cantidad y la calidad de materia vegetal disponible para los herbívoros.

Por otra parte, el desgaste dental se vincula con la naturaleza del alimento: a mayor dureza y menor provecho de los vegetales, mayor deterioro de las muelas.

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Juha Saarinen, autor principal del trabajo, en el yacimiento de Venta Micena (Orce, Granada) durante la campaña 2018. / Susana Girón

El tipo de hábitat, al descubierto

Uno de los grandes debates que han presidido el primer poblamiento humano del continente europeo es qué tipo de hábitat ocuparon nuestros ancestros más antiguos. De esta forma, existen los defensores de que los primeros humanos salieron “persiguiendo” el hábitat de origen, esto es, la sabana.

Pero los resultados de este estudio, liderado por Juha Saarinen (Universidad de Helsinki, Finlandia) muestran que no, que estos grupos primigenios vivieron en hábitats muy parecidos a los que actualmente siguen existiendo en buena parte de la Península Ibérica: los bosques mediterráneos.

Como es bien conocido, el clima asociado a estos ecosistemas es tremendamente estacional, con veranos dominados por una pertinaz sequía, en los que la productividad cae a mínimos, sobre todo cuando la ausencia de lluvias en otoño y primavera ha sido prolongada.

La máxima productividad se da en el yacimiento de Solana del Zamborino (Fonelas), con una cronología de 400 mil años aproximadamente, lo que coincide con una de las épocas más cálidas y húmedas de los dos últimos millones de años.

Le sigue un yacimiento paleontológico, Baza-1, en el que, por su antigüedad (4,5 millones de años), no cabe esperar presencia de homínidos.

En el extremo opuesto se localizan los yacimientos paleontológicos con menor productividad: Huélago (2.5 millones), Fonelas-P1 (2 millones de años) y los yacimientos orcenses de Fuente Nueva-1 (2.2 millones de años) y Venta Micena (1.6 millones de años).

Esto implica la probabilidad de hallar evidencias de presencia humana en estos yacimientos es muy baja o inexistente. Entremedias, con una productividad alta, se sitúan los yacimientos de Barranco León (1,4 millones de años) y Fuente Nueva-3 (1,2 millones), los lugares con presencia humana más antigua de la parte occidental de Europa.

Los humanos, grandes demandantes de energía

¿Por qué nuestros antepasados más remotos requerían hábitats muy productivos? “En primer lugar, porque somos una especie muy gregaria que debimos vivir en grupos relativamente grandes, posiblemente de más de 30 individuos”, destaca el director del ProyectORCE, el investigador del departamento de Prehistoria y Arqueología de la UGR Juan Manuel Jiménez Arenas.

“Esto nos daba una ventaja evolutiva importante para hacer frente, por un lado, a la endogamia (probablemente uno de los factores desencadenantes de la desaparición de los neandertales) y por otro a la presencia de depredadores.

Asimismo, la cohesión social contribuiría a la supervivencia en un medio complejo y conflictivo.

Además, los humanos tenemos un cerebro tremendamente grande para nuestra masa corporal.

Es relevante recordar que dicho órgano consume una cantidad exagerada de energía para su escaso peso (2 % de la masa corporal total frente al 20 % del consumo de energía en humanos actuales)”, apunta el investigador.

También, la incapacidad para generar y controlar el fuego provocaría que determinados alimentos de origen vegetal fueran incomestibles.

Por último, la tecnología lítica –las herramientas de las que disponían los primeros pobladores del continente europeo– no permitiría aprovechar de forma intensiva los recursos disponibles.

“Como muestra, el trabajo que se presenta hoy revela que nuestros antepasados no podrían vivir actualmente en la zona de Orce.

Así las cosas, con los medios con los que contaban, los primeros pobladores de Europa no podían hacer frente a una sobreexplotación del territorio, como ocurre hoy en día. Por tanto, era la naturaleza la que determinaba la presencia de nuestros antepasados, y no eran estos los que se imponían a aquella”, concluye Jiménez Arenas.

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Paisaje actual de Orce. / Susana Girón

Referencia:

Jiménez-Arenas JM et al. “Pliocene to Middle Pleistocene climate history in the Guadix-Baza Basin, and the environmental conditions of early Homo dispersal in Europe”. Quaternary Science Reviews

Fuente:
UGR
Derechos: Creative Commons.
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