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Primera gira oficial del Presidente del Perú, Pedro Castillo busca estrechar lazos con EEUU y mostrar una diplomacia más multi-polar que la de sus antecesores.

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Buenas relaciones con Biden y Almagro del Presidente del Perú Pedro Castillo

La política exterior peruana no ha sido parte de ninguno de los 3 debates en el balotaje y tampoco durante la crisis que condujo a la salida del canciller Héctor Béjar. Ahora que el Presidente Pedro Castillo hace su primera gira oficial al exterior es indispensable hablar de ello, especialmente por que en el lugar donde él va a pasar la mayor parte de su tiempo es en EEUU.

Algo que llama la atención es la muy buena relación que se viene construyendo entre Washington y Lima, pese a que esta tiene a su primer gobierno constitucional de izquierda.

Como Perú Libre es el único partido que se reclama marxista leninista y que gobierna una democracia occidental, uno pudiese esperar que la Casa Blanca debiera hacer todo lo posible por haber impedido que llegue al poder o que se mantenga en este.

Todo ello, ademas, basado en el hecho que durante las elecciones Guido Bellido prometió que lo primero que hacer un eventual gobierno suyo iba a ser el expulsar a la embajada norteamericana siguiendo el ejemplo boliviano.

Empero, ocurre lo inverso. Cuando Keiko Fujimori y sus partidarios quisieron organizar una revuelta popular y un golpe para impedir el ascenso de Castillo, imitando lo que muchos derechistas habían previamente impulsado en Venezuela o Bolivia, Washington se plantó muy firme para presentar las elecciones peruanas como un modelo que debiera ser legitimado.

 

Tras el aval de la Casa Blanca se alinearon la OEA, la Unión Europea, Reino Unido y todas las naciones latinoamericanos que antes le habían cuando reconocieron a Juan Guaidó como el “Presidente Encargado” de Venezuela.

Cuando la delegación liderada por Montoya llegó a la sede de la OEA en Washington, su ilusión era que ésta pudiese desconocer la elección de Castillo, así como antes esta hizo lo mismo con las reelecciones de Maduro en Venezuela y Morales en Bolivia en 2019.

Sin embargo, su secretario general Luis Almagro no quiso ni recibirlos y no vino si quiera la prensa. Esta ciudad es la que el 6 de enero había visto el primer golpe presidencial contra el Capitolio y que había tenido la primera inauguración de una nueva administración con una presencia militar superior a la de cualquier destacamento armado norteamericano en cualquiera de las capitales que ocupa en el Asia occidental.

Biden ha preferido a castillo que a un golpe fujimorista

La razón de tal giro era que el nuevo Presidente Biden había sufrido en carne propia la estrategia trumpista de negarse a reconocer derrotas electorales y a que su gente tuvo que haber puesto en el fiel de la balanza cuál opción les pudiese ser más conveniente.

Washington había constatado su fracaso al haber reconocido a un presidente venezolano autoproclamado al margen de una elección popular o de una votacion parlamentaria, y que ello había ayudado a Maduro a convertirse en un abanderado de la soberanía nacional en tanto que EEUU se había desacreditado y se había generado una gran crisis humanitaria.

En el caso boliviano el producir la caída de Evo Morales y el ascenso a la presidencia de Jeanine Añez, no hizo más que ayudar a que el Movimiento Al Socialismo se potencie desde la resistencia y suba su porcentaje electoral del 47% al 55% arrasando en las elecciones con un nuevo presidente (Luis Arce) quien va a garantizar un quinquenio más de izquierdismo.

Si en Perú Biden hubiese negado el triunfo de Castillo hubiese radicalizado a el maestro y a su movimiento, y generado condiciones para un estallido social que, eventualmente, hubiese podido haber llevado a un nuevo y más popular e izquierdizado gobierno de Castillo.

 

Y todo para permitir que suba un gobierno de extrema derecha altamente cuestionado por su pasado corrupto y dictatorial, y todo ello en el contexto en el que la nueva Casa Blanca buscaba marcar distancias con otros ultras como Bolsonaro en Brasil o Netanyahu en Israel.

Biden se daba cuenta que Castillo nunca se habia proclamado comunista, socialista,  marxista, antiimperialista o antioligárquico, y que en el único partido en el que previamente había militado década y media había sido en el del ex presidente centro-derechista Alejandro Toledo.

Sabiendo que Castillo iba a tener menos de un tercio del congreso en su favor y que, para viabilizar su gobierno, iba a necesitar el aval de EEUU para contener a la derecha dura, es que Biden opta por apuntalar a Castillo.

Hasta junio los electores de Castillo salieron en masa a defender su victoria electoral, pero a partir de julio la estrategia del maestro rural fue la de buscar mostrar mayor moderación, pues el objetivo era lograr evitar vetos para llegar a la Presidencia.

Gobierno y diplomacia centroizquierdistas

El actual gabinete de Castillo muestra que el astuto profesor ha sido capaz de satisfacer a varias partes contrapuestas (Peru Libre, Maestros y nuevos socios), y también que se ha rodeado de ministros izquierdistas pero bajo un modelo económico que es más de centro.

Se ha mantenido a Velarde en el BCR (y aun no se remueven al resto de los 6 directores, pese a que la mitad de ellos son jefes fujimoristas) y a la SBS, en tanto que abiertamente se desestima hacer cualquier posible nacionalización, control de precios o aumento salarial.

El gobierno se compromete a preservar el actual modelo monetarista pero promoviendo estrictas reglas para recobrar impuestos impagos, reducir la corrupción, los monopolios y los daños al medio ambiente, dar un bono a los más desposeídos y hacer una serie de nuevas inversiones sociales y reformas a las servis.

 

En un discurso dado en su tierra natal ha llamado a promover inversiones extranjeras y ha abierto el ingreso de nuevos bancos extranjeros.

EEUU se da cuenta que Castillo les ofrece más facilidades para una estabilidad financiera y política y con reglas más claras (que las basadas en sobornos), por lo que les resulta una mejor alternativa que un eventual gobierno fujimorista que pudiese estar jaqueado por numerosas protestas sociales y denuncias de violaciones a los derechos humanos y  por negociados.

Bellido y Perú Libre, por su parte ha decidido seguir una buena relación con EEUU lo que ha implicado suscribir al acuerdo de USAID y autorizar el ingreso de tropas extranjeras.

 

Mientras que antes la embajada norteamericana en Bolivia hizo campaña contra la elección de Perón en Argentina, Morales en Bolivia y Chavez en Venezuela, con lo cual los radicalizó a ellos y a sus seguidores, ahora la embajadora Lisa Kenna en Lima aparece dando obras generosas junto a Castillo o a sus ministros.

EEUU se ha dado cuenta que las reglas de juego deben cambiar tras la salida de Trump, su humillante derrota en Afganistán, la inminente posibilidad de que en el 2022 la izquierda moderada reemplace a los presidentes de la derecha dura en Brasil, Colombia y Chile, y que ahora debe contrarrestar a la creciente injerencia china y rusa en su “patio trasero”  mostrando un buen trato, antes que la prepotencia y las amenazas de Trump.

Nueva diplomacia peruana.

La medida más radical que tuvo el nuevo gobierno fue la de desconocer al “embajador” de Guaido y reconocer plenamente al gobierno de Maduro. En los hechos ello implicaba que Lima liquidaba al alicaído Grupo de Lima.

Todo ello produjo mucha furia por parte de la derecha peruana. No importaba el hecho que el propio Guaido estaba en esos momentos negociando el reconocer a su rival Guaido como el legítimo Presidente a fin de participar en elecciones que este iba a convocar, la Marina y la derecha pidieron la cabeza del canciller Héctor Béjar.

A pesar que el ex guerrillero hubiese querido ir al parlamento a demostrar que muchos marinos hicieron acciones terroristas incluso contra gente de su propia institución y que la Marina no debe emitir pronunciamientos pues ninguna fuerza armada es deliberante, Bellido decidió removerlo para así buscar lograr el voto del congreso para su gabinete.

El nuevo canciller Oscar Maúrtua era la primera figura que no venía de la izquierda (si no de la derecha, al haber sido canciller de Toledo, cuando castillo militaba en su Partido PP), que tenía una previa experiencia ministerial, que recientemente había mostrado críticas muy duras a Caracas y que tenía décadas contiguas como servidor público.

Al sacar a Béjar, Castillo quería dar una muestra que él no pensaba que el Perú pudiese engrosar las filas de la Alternativa Bolivariana de Nuestra América (ALBA) junto con Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y varias Antillas.

 

Lima iba a mantener la misma estrategi trazada inicial por Béjar de alejarse de tanta subordinacion a Washington, de buscar un mundo más multipolar y de impulsar la Union de Naciones Suramericanas (que Trump y los antecesores a Castillo dinamitaron) y a la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC).

Y, precisamente, es la cumbre de la CELAC en México la primera escala de su viaje. En la tierra de AMLO, Castillo va a querer dar muestras que su diplomacia va a estar mas cercana a la de los nacionalistas moderados aztecas y gauchos que al antiimperialismo del ALBA.

A Castillo no le conviene enemistarse con la OEA, actitud en la que se encuentran México, Bolivia, Venezuela y el ALBA, pues Almagro avaló su elección y necesita su apoyo (al igual que el de Biden) para contener los intentos de la derecha parlamentaria para vacarle.

Junto con castillo viajan los ministros de relaciones exteriores, comercio, economía y salud. Estos 3 últimos son indispensables para lograr nuevas inversiones y vacunas en EEUU.

A pesar que se ha cuestionado a Maúrtua de ser un canciller derechista el, como todo diplomático de carrera, ha empezado a seguir algunos lineamientos del “progresismo”.

Un indicativo de ello es que ahora Torre Tagle ha reconocido a la izquierdista República Árabe Saharaui Democrática, el único Estado árabe ocupado por un reino árabe y donde se habla el castellano.

EEUU, al haber reconocido a Castillo y ofrecerle su apoyo para darle estabilidad, ha hecho que el primer premier peruano que se proclama “marxista leninista” desista de pedir la ruptura de relaciones, suscriba nuevamente el acuerdo con USAID, autorice el ingreso de tropas extranjeras e incentive empresas multinacionales norteamericanas.

 

Bellido al tenderle la mano a EEUU concibe que ha de poder contar con sus servicios para evitar un golpe parlamentario o militar.

Y, mientras todo esto ocurre y Castillo ha de estar en el exterior, el destino del cadáver de Guzmán es una piedra en el zapato.

A Castillo no le conviene aparecer en la cumbre de la CELAC o hablando en Naciones Unidas luego de haber incinerado su cuerpo y haberlo esparcido en el mar, pues ello pudiese generar muchos comentarios adversos.

Tal vez en su ausencia se proceda a dar cumplimiento a la inicial sugerencia del ministro de justicia, con la cual el Presidente se puede lavar las manos, o, quizás, la decisión final espere hasta que su gira culmine, tras lo cual hasta es posible que el mandatario, tras escuchar sugerencias de otros colegas, decida no ser el único mandatario de izquierda del mundo en quemar cadáveres de reos muertos cuyos cuerpos son demandados por sus deudos.

En todo caso, el viaje de Castillo le va a permitir al nuevo mandatario chotano el transformarse en una figura internacional que querrá sacar provecho de su condición de ser el primer maestro rural, rondero y campesino en ser electo presidente peruano. Ello le ha de permitir levantar su prestigio fuera del país.

Todo eso ha de poder repercutir en afianzar su liderazgo interno, en conseguir nuevos aliados extranjeros e inversionistas y en aumentar su porcentaje en las encuestas.

Isaac Bigio
Analista Internacional

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