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Perú: Guido Bellido, exPremier de Castillo se torna opositor por Isaac Bigio

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Guido Bellido, a poco de haber sido el Presidente del Consejo de Ministros de Pedro Castillo, se ha pasado a la oposición.

En su cuenta de Twitter ha escrito que Castillo “no es de izquierda”. Además, acaba de publicar:

“Señor presidente Pedro Castillo, es una pena haber luchado tanto por un cambio de 200 años y usted termine gobernando con la derecha, el pueblo no va a perdonar su política reaccionaria e injerencista” (sic).

“Tener ambición de poder es secuestrar a un presidente y usurpar un Gobierno para desconocer su ideario, aprovecharse para su beneficio grupal. Bueno, en mi tierra los llaman Ccarauya (descarado en quechua) a estas especies”.

Un poco de historia

Lo que llama la atención es que cuando Bellido y Perú Libre (PL) entraron en contacto con el profesor Castillo y su grupo que lideró la huelga magisterial del 2017, ellos sabían de qué el actual Presidente no era ni marxista ni socialista.

Castillo es un humilde sindicalista, rondero, campesino y maestro rural muy devoto y cristiano, quien solamente ha militado en el partido Perú Posible del exPresidente Alejandro Toledo durante una década y media, cuya meta central es acabar con la pobreza y el atraso de los pueblos rezagados, pero que nunca ha sido un leninista.

PL no estaba en condiciones de llevar su propia plancha.

La que postuló a Vladimir Cerrón en 2016 la tuvo que retirar debido a que pensaban que iban a sacar pocos votos y, por ende, iban a perder el registro electoral.

En el 2020 quedaron como la quinta lista de izquierda en las legislativas con el 3.4% de los votos, y para las presidenciales no tenían ningún candidato, pues, fuera de su inhabilitado Secretario General, no sentían poder tener otra ficha (lo que evidencia la falta de cuadros del partido).

De allí que se pusieron en contacto con los dirigentes de la huelga magisterial a quienes propusieron encabezar la fórmula, pues su cálculo era, tal y cuál lo ha confirmado Cerrón, pasar la valla electoral y poner, por primera vez, una bancada parlamentaria propia.

Al colocar a Castillo como su presidenciable, PL GIRÓ HACIA LA IZQUIERDA, pues en las últimas elecciones a un cargo importante (para alcalde de Lima) llevaron como su candidato a Ricardo Belmont, a quien, hasta hoy, siguen difundiendo sus videos de manera incondicional y sin crítica alguna.

Esta fue la primera vez que ese conocido capitalista de la derecha peruana postulaba con un sector de la izquierda.

Castillo se va a la derecha, pero Belmont no.

Belmont se había hecho famoso en los ochentas al crear la versión peruana de la Teletón que animaba Don Francisco, uno de los conductores de TV más populares durante la dictadura chilena.

Luego lanzó su propio canal que llevaban sus propias siglas y vendió acciones a más de 100,000 personas, gran parte de las cuales, al igual que sus propios trabajadores, le hicieron demandas por falta de pagos.

En 1989 Belmont se convirtió en el primer outsider de derecha en derrotar a los partidos tradicionales mostrando su imagen, modelo que luego seguiría Alberto Fujimori.

Al lograr un 45% de los votos en dos periodos consecutivos para la alcaldía de Lima (1990-95), Belmont se enfrentó a todas las izquierdas.

También rechazó la estatización aprista de la banca y apoyó al Frente Democrático de Vargas Llosa, Belaúnde y Bedoya en 1990.

Belmont fue el primero en iniciar las privatizaciones de servicios de Lima, como fue el caso de la limpieza, algo que no hizo más que empeorar el recojo de la basura.

A pesar de que se opuso a Fujimori en las siguientes presidenciales de 1995, él llevó como su compañero de plancha a Máximo San Román, el primer vicepresidente que tuvo Fujimori.

Tras un bajo resultado, él dejó de postularse nuevamente para ese cargo, yendo como candidato a la vicepresidencia del FIM de Poppy Olivera en 2001.

Después de esas derrotas se limitó a postular para el Congreso como parte del Frente del Centro con Acción Popular y Somos Perú.

Si bien no logró ser electo, Belmont terminó entrando al Parlamento sustituyendo a Alberto Andrade cuando él falleció.

De allí Belmont estuvo en 2016 queriendo organizar una plancha presidencial con dos distintos movimientos fujimoristas que provinieron originalmente de Cambio 90, pero que luego fueron cambiando de siglas: uno fue liderado por el ultraderechista Renzo Reggiardo y otro por Felipe Castillo.

Cuando Belmont postula por PL a la alcaldía capitalina en 2019 jamás se reclama socialista, y hasta hoy se vanagloria de ser un ferviente anticomunista de “centro” (una forma elegante de declararse de derecha moderada).

Belmont, quien se caracteriza por su extremo pragmatismo e increíbles oscilaciones, candidateaba con una lista izquierdista, pero imitando varias actitudes del trumpismo que entonces estaba de moda: hostilidad extrema a los inmigrantes, al aborto y a las minorías sexuales (y luego a las vacunas y mascarillas).

Cuando Andrés Manuel López Obrador se puso de moda él fue a México a felicitarle.

Como no le fue bien con PL, en 2020 Belmont nuevamente pasó a otra lista. Esta vez fue a la de la UPP, la cual había vacado a PPK y generado un movimiento social en contra.

Entonces él no quería recordarse que 4 años atrás había roto con Felipe Castillo porque este fujimorista quiso candidatear a Isaac Humala, el padre de Antauro, a quien la UPP a la que Belmont se unió tanto apoya.

Después que no logró un curul con la UPP, Belmont se convirtió en un propagandista de Castillo durante toda la segunda vuelta.

Belmont tiene hoy cierta acogida debido a que se enfrenta a los medios y partidos de la derecha que antes él apoyó.

Empero, él nunca ha militado en organizaciones populares o ha propiciado huelgas o reivindicaciones de los trabajadores.

Se trata de uno de los políticos más oportunistas del establishment, de un miembro del gran empresariado que en cada elección ha cambiado de camiseta, y de alguien que se ha unido a casi todas las gamas de la derecha y que es capaz de decir varias cosas contradictorias en cada semana.

Mientras Bellido acusa a Castillo de tirarse a la derecha, no manifiesta nada de que su partido siga distribuyendo los videos de Belmont en sus redes sociales (muchas veces con el logo de PL). A él jamás le han acusado de ser “derechista” o “reaccionario”.

En el Gobierno

Durante todas las elecciones PL dejó que Castillo sea el único en hablar en todas sus concentraciones y quien dirija su campaña.

En algún momento Castillo pidió que Cerrón no se meta y hasta expresó que no lo iba a colocar ni de portero en una futura administración suya.

Después de que Castillo gana el 6 de junio la principal preocupación de PL era colocar militantes suyos en el Gabinete.

Por eso su prioridad no fue movilizar a las masas en julio como vía para derrotar al golpismo y hacer que el maestro llegue a Palacio con un movimiento popular.

Al querer inicialmente hacer que uno de PL presida el Congreso perdieron la oportunidad de negociar con el ala provinciana ligada a Yhony Lescano de AP para cederle ese puesto a condición de hacer una mesa directiva con las izquierdas, los morados y Somos Perú.

Luego, PL presionó para que el Primer Ministro sea uno de ellos. De manera totalmente sorpresiva e inesperada Castillo presentó en la pampa de la quinua a Bellido como su Primer Ministro el 29 de julio.

Bellido marcó historia al ser el primer Premier en ir al Congreso para hablar en su lengua nativa quechua y chacchar la coca. Demostró dotes de polemista e hizo un Gabinete de unidad con varias fracciones.

Siendo Primer Ministro, Bellido, hizo varias reformas progresivas (como la agraria, la tributaria, la laboral, entre otras), pero también suscribió junto con Castillo las siguientes políticas que son distintas a las que tradicionalmente planteaba la izquierda socialista:

1) Desarrollar excelentes relaciones con EEUU y renovar por un quinquenio más al USAID (un pacto que, según el lenguaje del chavismo y de Bellido, es “injerencista y reaccionario”) y autorizar la presencia de tropas extranjeras (incluyendo europeas y norteamericanas), cuando él durante las elecciones prometió expulsar a la embajada estadounidense.

2) Ratificar a Julio Velarde por un quinquenio más en el BCR.

Mientras en el Perú ningún congresista o Presidente puede ser reelecto, Velarde se va a quedar 4 mandatos y 20 años en ese puesto, pese a que la izquierda (incluyendo el actual ministro Pedro Francke) siempre le tildaron de ser el garante del monetarismo neoliberal y de ser responsable de una de las más desiguales e injustas tasas de préstamos bancarios del mundo.

3) Aceptar la constitución fujimorista de 1993 y, cuando Bellido se presentó ante el Congreso para pedir el voto de confianza, él nunca mencionó a la asamblea constituyente.

4) No implementar controles de precios, no reponer a muchos despedidos por motivos sindicales y mantuvo el salario mínimo vital a 930 soles mensuales (tan igual que cuando PPK lo dejó en marzo 2018).

5) Implantar la pena de post-muerte, haciendo que el Perú sea el único Gobierno de izquierda en el mundo que incinere y eche al mar el cuerpo de un preso sentenciado por terrorismo.

6) Aceptar un programa económico de acuerdo a los marcos del FMI y del Banco Mundial negándose a renegociar la deuda externa, o decretar una moratoria o un pago selectivo de esta.

7) Lanzar una reforma agraria sin afectar la gran concentración de tierras en algunas pocas manos.

Es verdad que Bellido amenazó con estatizar Camisea, pero solo a ese yacimiento (y no aotras empresas), y como una forma para presionar en las negociaciones.

También es cierto que él cuestionó a Maúrtua cuando se negó a reconocer al gobierno venezolano, no obstante fue él quien le pidió a Héctor Béjar que se convirtiera en el canciller debutante que menos tiempo haya pasado en su cargo.

Fue el propio Bellido quien inició la táctica de aceptar las presiones de las derechas para remover ministros, empezando por la de Béjar y luego pidiendo que se vaya Iver Maraví (aunque el propio Castillo tuvo que impedirle que él lo haga). Al final, Castillo atenazado se vio obligado a remoldar todo su Gabinete para evitar la caída de este.

Bellido fue muy duro contra Mirtha Vásquez a la que acusó de no haber estado en varias luchas, lo cual fue desmentido por su propio historial.

Su compañera de partido, la vicepresidenta Dina Boluarte, le hizo ver que no debiera estar resentido por haber perdido el puesto.

Fuera del Gabinete

Bellido ahora quiere convertirse en el campeón del programa original de PL, cuando durante sus 70 días como jefe del Gobierno no lo implementó.

No conozco ninguna cita en la cual él se haya reclamado marxista, leninista o comunista ocupando tal posición. Cuando apareció ante el Congreso para solicitar los votos de la derecha a su Gabinete no habló de constituyente, ingreso libre a las universidades, abolir el Tribunal Constitucional o la Defensoría del Pueblo, destinar el 10% del presupuesto estatal a educación y el mismo porcentaje a salud, indulto a Antauro y muchas otras demandas electorales.

Hoy Bellido acusa a Castillo de no ser de izquierda, de gobernar para la derecha y de aplicar políticas reaccionarias, pero lo que hoy hace el Presidente es continuar la misma política que tuvo durante el Gabinete Bellido.

El exPremier podrá criticar que la cancillería no quiera reconocer los resultados de las elecciones nicaragüenses donde Daniel Ortega ganó sin tener rivales, sin embargo eso es algo que no define toda una orientación.

Bellido puede decir que el Gabinete es más caviar, no obstante la verdad es que 2/3 de sus miembros son exactamente los mismos que estaban bajo el tiempo que él fue Premier.

De los 6 cambios ministeriales que se dieron casi todos son conocidos luchadores sociales de izquierda o personas que militan o han estado vinculadas a PL, aunque no sean del ala cerronista.

Si Bellido quiere cuestionar hoy a Castillo debía partir por una autocrítica.

Si quisiera llamar a formar un partido y un Gobierno de corte “marxista-leninista” debería hacer uno que se base en la clase obrera y en sus organizaciones y que tome el poder por la vía revolucionaria.

PL no se estructura en torno al movimiento obrero y sus organizaciones, no tiene mayor presencia sindical y ha venido siendo esencialmente un movimiento regional de cuadros profesionales del centro andino que recién se ha ido expandiendo.

Tampoco busca derrocar al capitalismo y a su Estado, sino ir reformando al actual para dar paso a una “economía popular de mercados” (un capitalismo mixto y no neoliberal).

Si quiere presionar a Castillo a que vaya en su dirección deben adoptar una crítica constructiva y no hepática o liquidacionista.

Están en la obligación de reconocer y saludar sus pasos hacia adelante y aconsejarles constructivamente hacer determinados cambios.

Deben darse cuenta de que este es el Gobierno más jaqueado por golpes en el hemisferio y en nuestra historia; de que no ha podido organizar una transición con relación al pasado Gobierno de Sagasti (debido a que los resultados oficiales solamente fueron declarados unos 7 días hábiles antes del 28 de julio);

De que no existe ningún partido u organización de masas tras Castillo (cosa diferente a Gobiernos izquierdistas que han tenido Chile, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Brasil o Uruguay); de que no paran los distintos complots de sectores del Congreso, del empresariado y de uniformados activos o en retiro; y de que otros Gobiernos de derecha previos en semjantes circunstancias ya hubieran tirado la toalla o habrían sucumbido.

Si optan por el camino de ser una oposición leninista o por el de ser leales colaboradores (como lo son Evo ante Arce en Bolivia, o Lula ante Dilma en Brasil) deben partir por el principio que se debe defender incondicionalmente a este Gobierno frente a la derecha y al golpismo.

Si se escoge el primer camino de Lenin deben seguir su ejemplo. Lenin, quien atacaba al gobierno de los socialistas revolucionarios, mencheviques y capitalistas de Alejandro Kerenski en Rusia 1917 al que tildaba ser un Gobierno colaboracionista burgués al cual se negaba a integrarlo, siempre llamaba a defenderlo frente a la reacción.

Cuando Kerenski, quien había encarcelado a los bolcheviques, sufrió el golpe de Kornilov, Lenin, escondido de la persecución, llamó a sus militantes a salir en masa a defenderlo, para de esta manera avanzar hacia la revolución.

Si se decide ir por la segunda ruta hay que formar un solo partido con una sola bancada (que vote en bloque, sobre todo en cuestiones tan trascendentales como ratificar o no a un Gabinete), hacer que PL sea el gran partido unido y amplio de Castillo, el cual deba ser uno de masas con más de 100 mil militantes activos dispuestos a defender y profundizar el proceso de cambio (tal y cual lo son el MAS boliviano o el PT del Brasil).

Si Bellido quiere luchar por el programa original de PL la mejor forma de hacer ello no es uniéndose a los fujimoristas para tumbarse al Gabinete de Mirtha Vásquez, pues lo que puede venir es peor.

Al coaligarse con la extrema derecha se desmoraliza a las bases y se crea una barrera con las masas que siguen a Castillo, además que se puede ir preparando el terreno para un posterior bloque con el fujimorismo para dar paso a la vacancia.

En Bolivia, Venezuela y Ecuador ya se han visto muchos movimientos de izquierda que terminaron aliándose a la ultraderecha para derrocar a Gobiernos que consideraban reformistas.

Gracias a esas acciones se pudo imponer el golpe boliviano del 2019 y Guillermo Lasso acabó derrotando al correísmo ecuatoriano gracias a que un sector de la izquierda prefirió votar por el millonario antes que por la “Revolución Ciudadana”.

La política se basa en claras y precisas caracterizaciones, y no en giros de acuerdo a cuántos ministros me dan o si tenemos presencia o no en el Gabinete.

Dada la actual correlación de fuerzas a PL puede que no le convenga estar en el Gabinete para no sentirse obligado a adoptar medidas de las que luego no estarán de acuerdo; pero, al mismo tiempo, deben mantener su disposición a la defensa incondicional del proceso.

El problema con Bellido y con PL es que no han dejado de tener una mentalidad de grupo chico provinciano que cree que una pequeña directiva puede manejarlo todo.

PL no quiere participar en movilizaciones que no controla y rechazan una demanda tan popular como es la de cerrar el congreso, que, a la postre, es la única forma de darle estabilidad al país e ir a una Constituyente.

Y, todo ello, porque temen que en una siguiente elección no van a sacar solos una buena representación. Como Castillo no se les subordina entonces buscan castigarle. Lo que no se dan cuenta es que con esa política se están castigando a ellos mismos y también al proceso de cambios.

Esperemos que el primer Premier quechua hablante e hijo de campesina lea nuestras fraternales observaciones y pueda orientarse mejor.

Isaac Bigio

Politólogo economista e historiador

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