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Llamado para la formación de un Comité Ad Hoc para un Nuevo Sistema de Bretton Woods

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Helga Zepp-LaRouche, la fundadora del Instituto Schiller, hizo hincapié en la conclusión de la conferencia última del Instituto, “No puede haber paz sin hacer una reorganización por bancarrota del moribundo sistema financiero transatlántico”, que “nos dirigimos hacia una tormenta perfecta [de crisis ahora mismo]… Es el momento de inyectar nuevas ideas que pueden cambiar el curso de la historia… ¡No es el momento de sentarse a ver los toros desde la barrera!”

 

El propósito del “Llamado para la formación de un Comité Ad Hoc para un Nuevo Sistema de Bretton Woods” incluido aquí es precisamente inyectar las nuevas ideas necesarias. Lo lanzamos el 29 de junio con 108 firmas de 33 países del mundo, cuyos nombres se pueden ver al final del llamado en su página electrónico.

Termina así:

Nosotros, los firmantes de este llamado, estamos convencidos de que el sistema de la “globalización” con su brutal capitalismo buitre, ha fracasado, económica, financiera y moralmente. Debemos hacer de las personas la prioridad de la economía, que no es un autoservicio para multimillonarios y millonarios, sino que debe servir al Bien Común. El nuevo orden económico debe garantizar los derechos inalienables de todos los habitantes de la Tierra.”

Les invito a sumarse a esta iniciativa, añadiendo su firma y circulando el correo a todos lados. Hay que generar el más amplio debate posible sobre las ochos medidas identificadas el en llamado, en el menos tiempo que se pueda. Aquí estamos para dialogar sobre las preguntas o dudas que surgen.

 

 Llamado en PDF AQUÍ y adjunto.

 

El sistema neoliberal está irremediablemente en bancarrota. Pero los gobiernos occidentales, en lugar de sacar las conclusiones de este hecho y reorganizar el sistema en lo fundamental, han intensificado el enfrentamiento con sus supuestos competidores sistémicos, Rusia y China.

Esto ha llevado, como resultado de las cinco olas expansionistas de la OTAN hacia el este, a una crisis de los misiles de Cuba a la inversa y a una guerra en medio de Europa que podría escalar a una Tercera Guerra Mundial nuclear.

Mucha gente tiene miedo de una nueva guerra mundial, y con razón.

¡Pero es la causa del peligro lo que tenemos que eliminar! ¿Acaso no somos testigos de que ya nada funciona? ¿No se están rompiendo las cadenas de suministro en todas partes? ¿No se están disparando los precios de los alimentos y la energía?

El gobierno alemán quiere ahora racionar el gas, mientras que en Polonia y Lituania la gente vuelve a calentarse con leña.

No, esto no tiene casi nada que ver con la política de “cero Covid” de China, y sólo indirectamente con la guerra en Ucrania. Pero sí tiene mucho que ver con el modelo neoliberal, en todos sus aspectos.

La idea neoliberal de subcontratar la producción industrial de las naciones a los países de bajos salarios, era errónea, ya que destruye empleos productivos en las naciones industriales y explota la mano de obra en los países en desarrollo.

Igualmente errónea es la idea de una “sociedad de valor accionista”, en la que el beneficio bursátil a corto plazo es el único objetivo y el aumento de la productividad de la economía a largo plazo no tiene sentido.

E igual de erróneas son las ideas de que “el dinero llama al dinero”, como si el dinero tuviera un valor intrínseco en sí mismo, o el “justo a tiempo”, que dice que los inventarios ya no son necesarios, puesto que los camiones pueden entregar piezas semiterminadas en el último minuto.

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Pero sobre todo lo que es totalmente erróneo es la idea de que el dinero es sinónimo de riqueza social.

Este cuento de hadas sólo ha conducido a un aumento explosivo del número de multimillonarios y millonarios, mientras las filas de los pobres crecen y la clase media desaparece.

El asombroso colapso de la infraestructura en Estados Unidos y Europa —ya sean los puentes inseguros, los trenes de mercancías que esperan días en las vías laterales, la absurda cantidad de tiempo necesario para hacer las reparaciones, la escasez de mano de obra calificada o la desaparición de productos en las estanterías — es una prueba positiva del fracaso del modelo neoliberal.

La inflación galopante, en particular, no es el resultado de la “guerra en Ucrania”, sino de la excesiva impresión de dinero por parte de los bancos centrales desde el 2008, en un intento de tapar la crisis sistémica.

Con el sistema financiero transatlántico actual, nos enfrentamos a lo mismo que se enfrentó la Alemania de Weimar en 1923: la hiperinflación, que amenaza con devorar los ahorros de toda la vida de la población.

Los intentos de los bancos centrales de combatir esa inflación con aumentos a las tasas de interés podrían desencadenar una reacción en cadena de quiebras de las empresas endeudadas y de los países en desarrollo.

Está en marcha el desacoplamiento agresivo de Rusia y el intento de avanzar contra China, y eso hundirá a todas las naciones.

El efecto en el mundo en desarrollo es homicida.

En este momento, según la ONU, 1.700 millones de personas están amenazadas por una catástrofe de hambruna, que se ha visto agravada por las sanciones autodestructivas contra Rusia y otros países.

El modelo neoliberal no ha hecho nada para luchar contra la pobreza en el Sur Global, donde 2.000 millones de personas no tienen acceso al agua potable y la mayoría de los países en desarrollo carecen de un sistema sanitario eficaz, lo que los deja indefensos a la pandemia de Covid y otras enfermedades. Los sistemas sociales de muchos países ya se están derrumbando.

Si la inflación se sale de control, o si se produce un colapso repentino, grandes partes del mundo podrían sumirse en un caos social total.

Más aún, es inaceptable utilizar las preocupaciones climáticas y medioambientales para justificar la desindustrialización y la despoblación radical, como hizo Malthus en su momento.

Aunque los gobiernos del mundo occidental no lo admitan, el sistema neoliberal está hoy tan en bancarrota como lo estaban los países comunistas en el período de 1989-1991.

En lugar de reconocer este hecho, siguen tomando decisiones cuyas consecuencias no han pensado, amenazando con el colapso de las sociedades.

En lugar de racionar la gasolina y dejar que los precios de los productos de primera necesidad se disparen sin control, deberían levantar las sanciones, que son una brutal forma de guerra contra las poblaciones a quienes se les imponen estas, y más bien confiar en la diplomacia para resolver los conflictos.

Por tanto, nosotros, firmantes de esta convocatoria hacemos un llamado a que se convoque de inmediato una conferencia internacional de emergencia que ordene:

Primero:

la reorganización del sistema financiero mundial en bancarrota y sustituirlo por un Nuevo Sistema de Bretton Woods. El objetivo declarado de este nuevo sistema de crédito debe ser la superación de la pobreza y el subdesarrollo en todo el mundo, pero sobre todo la elevación del nivel de vida en los países en vías de desarrollo, para hacer posible que todas las personas de este planeta desarrollen plenamente sus capacidades potenciales.

 

Segundo:

una intervención por bancarrota de los bancos comerciales, para ponerlos bajo la protección de los acreedores, para que puedan suministrar crédito a la economía real. Los bancos de inversión y otras entidades financieras deben arreglárselas sin el dinero de los contribuyentes, poniendo ellos mismos en orden sus cuentas y declarándose en quiebra, si es necesario.

Tercero:

la prohibición del comercio de derivados en virtud de acuerdos entre gobiernos. Toda especulación con la energía y los alimentos debe ser estrictamente prohibida.

Cuarto:

la aplicación inmediata de un sistema de tipos de cambio fijos, que puedan ser ajustados periódicamente por los gobiernos. Dentro de ciertos límites.

Quinto:

 la reorganización fundamental de las deudas de los países y las empresas, y cuando sea necesario para su existencia productiva continuada, su eliminación.

Sexto:

el establecimiento en cada país de un Banco Nacional en la tradición de Alexander Hamilton, de modo que la creación de crédito se ponga bajo el control de los gobiernos soberanos. Con ello se puede lograr el pleno empleo productivo mediante las inversiones en infraestructura básica e innovación.

Séptimo:

la negociación de acuerdos de créditos entre los bancos nacionales, a largo plazo y a bajo interés para permitir las inversiones en un programa internacional de infraestructura y proyectos del Puente Terrestre Mundial, como los que se esbozan en el informe “La Nueva Ruta de la Seda se vuelve el Puente Terrestre Mundial”, y como los implementa China en la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Octavo:

la expansión del Puente Terrestre Mundial, que crea ventajas económicas comunes para todos los países, que a su vez se convierten en la base de una nueva arquitectura de seguridad internacional, que tiene en cuenta los intereses de seguridad de todas las naciones de esta tierra. El nuevo nombre de la paz es desarrollo.

Nosotros, los firmantes de este llamado, estamos convencidos de que el sistema de la “globalización” con su brutal capitalismo buitre, ha fracasado, económica, financiera y moralmente.

Debemos hacer de las personas la prioridad de la economía, que no es un autoservicio para multimillonarios y millonarios, sino que debe servir al Bien Común. El nuevo orden económico debe garantizar los derechos inalienables de todos los habitantes de la Tierra.

 

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