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Lavapiés, un barrio multicultural con un 22,6 % de población extranjera

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El madrileño barrio de Lavapiés ha saltado hoy a los telediarios por los disturbios vividos ayer tras la muerte de un mantero por un paro cardiaco, pero lejos de la imagen de contenedores quemados sus vecinos y comerciantes resaltan su multiculturalidad y sus redes vecinales, en guerra contra la gentrificación.

Con una población de 44.630 habitantes, este barrio perteneciente al distrito Centro se caracteriza por albergar un amplio colectivo de población inmigrante, ya que el 22,6 % de los vecinos es de origen extranjero, siendo los procedentes de Bangladesh los más numerosos.

A ellos se suman los vecinos que no aparecen en la estadística al no residir de forma legal en España, lo que hace que no tengan "papeles" y se vean arrastrados a la economía sumergida, como ha denunciado hoy Jorge García Castaño, concejal del distrito Centro y vecino del barrio.

Y para luchar contra lo que denominan "racismo institucional" -persecuciones por vender en la calle o identificaciones por el color de su piel-, se han unido en colectivos como la Asociación de Madrileños Sin Papeles o el Sindicato de Manteros y Lateros, al que pertenecía Mmame Mbage, el mantero senegalés fallecido ayer.

En este distrito de contrastes, destaca también la juventud de la población, 42,2 años de media, y el importante porcentaje de habitantes con estudios superiores, el 32,9%.

UN BARRIO COMBATIVO

Además, el ADN de Lavapiés es "combativo". Sus vecinos abrieron las puertas de sus casas a quienes protestaban en 2012, como recuerda a Efe Marta, que acogió a jóvenes que huían de las cargas policiales tras una protesta de mineros y sus calles han coreado proclamas contra la policía y las "redadas ilegales".

Desde el 8 de marzo símbolos feministas con orejas de gato decoran las paredes de Lavapiés, un barrio cuna de diversos colectivos sociales entre los que se cuenta Podemos, cuya creación se dio en la librería La Marabunta, ya desaparecida, como también se borró del callejero la sede del periódico de izquierda Diagonal.

Y es que las empinadas y estrechas calles de Lavapiés son testigo de una transformación en marcha, la llegada de la gentrificación, el proceso por el cual un barrio se vacía de sus vecinos tradicionales y da paso a turistas y negocios enfocados al visitante.

"El capital está haciendo una inversión muy fuerte en este barrio, eliminando la posibilidad de que la gente normal podamos emprender en un sitio así", denuncia a Efe Esther, frutera del barrio que ha visto como los traspasos de los puestos del Mercado de San Fernando se "hinchan" duplicando su precio.

Ahora un local gourmet con cafés a 4 euros sustituye lo que antes era una droguería y en lugar de ferreterías hay talleres donde se enseña a hacer alfarería o venden "cupcakes" y eso elimina la "posibilidad de una vida normal de barrio", denuncia.

Como vecina, Esther también está asistiendo a una "expulsión de vecinos" por los altos precios del alquiler, que censuran colectivos como Lavapiés Dónde Vas, contrario a la turistificación y el impacto de los pisos turísticos en esta comunidad.

Sin embargo, Lavapiés es "un barrio en el todavía hay redes de solidaridad y de apoyo mutuo", según subraya Esther, que explica que las vecinas se defienden de estos procesos agrupándose en diferentes colectivos.

Lavapiés, donde Ahora Madrid obtuvo el 35,6 % de los votos, es también un símbolo revisitado del obrerismo y de las redes de apoyo vecinal, como muestran las rutas que recuperan la historia de sus cigarreras y el Madrid de Arturo Barea, autor de "La forja de un rebelde", donde el "Avapiés" era ya un espacio de resistencia de quienes estaban en la frontera.

Colectivos como las arquitectas de La Liminal explican el carácter de Lavapiés aludiendo incluso a su edificio más característico, la corrala, viviendas de pequeño tamaño diseñadas para familias de rentas bajas cuyas puertas dan a pasillos que rodean un patio central y donde la supervivencia pasaba por el apoyo entre los vecinos. Antes las ocupaban las cigarreras, después pasaron a la población inmigrante debido a la baja calidad de la construcción y ahora muchas se anuncian en Airbnb.