Las lecciones de la batalla electoral de Peterborough


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Por Isaac Bigio, Analista Internacional.

 

En esta ciudad el laborismo derrotó al Partido del Brexit, al cual 5 de cada 6 apostadores le daban la Victoria. Ello ha demostrado que el Faragismo es un globo que se infla en las euro-elecciones pero que luego se muestra incapaz de transformarse en alternativa de poder. Si bien Corbyn apenas ganó con un 31% de los votos, sabe que si la tendencia de Peterborough se repite en unas elecciones generales, él podría acabar logrando el primer puesto, ayudado, en gran parte por la división de la derecha.   

 

En la catedral de Peterborough está la tumba Catarina de Aragón, quien fuera la principal reina hispano-hablante de Inglaterra (y también la causa del primer divorcio de Enrique VIII que originó el desprendimiento de la corona e iglesia inglesas de la de Roma). En dicha ciudad hay una significativa comunidad iberoamericana, especialmente de lengua portuguesa.

Seguramente que si Catarina hubiese estado viva ella hubiese querido mantener las relaciones más estrechas entre su natal España y su adoptiva Inglaterra, por lo que ella hubiese seguido con mucha tensión la batalla que se ha dado en la urbe  donde ella descansa en paz entre los partidarios de salirse y de quedarse en la Unión Europea.

En los comicios para el parlamento europeo el Partido del Brexit bordeó el 40% de los votos y casi duplicó a sus más inmediatos rivales (laboristas y liberales). Por eso Nigel Farage y los medios que le apoyan apostaban que la ciudad del mausoleo de Catarina de Aragón el Partido del Brexit iba a lograr que el 6 de junio fuese electo su primer parlamentario, un primer paso hasta convertirse en una fuerza alternativa de poder.

Sin embargo, en los comicios para renovar al parlamentario de Peterborough del 6 de junio los laboristas volvieron a conservar su curul, aunque con una nueva parlamentaria. La sindicalista Lisa Forbes ganó esas elecciones con el 31%, lo cual no es una cifra muy alta, pero fue suficiente para tramontar el inicial ascenso de lo que parecía como una imparable victoria del Partido del Brexit.

Lo acontecido en Peterborough muestra las limitaciones de los proyectos de Nigel Farage cuyo actual Partido del Brexit así como su anterior UKIP son, esencialmente, movimientos centrados en una sola demanda y que solamente impactan durante las elecciones europeas. Una vez pasadas éstas, su influencia decrece y no logran espacios dentro del parlamento o las alcaldías.

Tanto el laborismo, como el conservadurismo, se han recuperado. El primero sacó 10 puntos de ventaja a los tories, pero estos últimos llegaron al 21% y al tercer lugar, muy por encima del quinto lugar y del 9% que obtuvieron en Reino Unido el 23 de mayo.

Todo indica que vamos a volver a la misma polarización tradicional entre laboristas y conservadores, mientras que los partidos que crecieron en las euro-elecciones al tratar de repetir el referéndum entre apoyar o condenar a la UE (el faragismo por un lado y los liberal-demócratas y verdes por otra parte) van a lograr una presencia mínima en un nuevo parlamento.

Boris Johnson debe estar calculando que si él se vuelve el líder de los conservadores y adelanta unas elecciones generales él va a canalizar la inmensa mayoría de quienes el 23 de mayo votaron por Farage, y todo ello con o sin necesidad de hacer un pacto con él. Si Johnson quiere imponer un Brexit duro va a tener que cambiar la composición del parlamento y solamente puede hacerlo con elecciones generales.

Corbyn saca como conclusión que el laborismo sí puede ganar las elecciones si hace como en Peterborough enfocándose en problemas concretos, movilizando a su inmensa legión de militantes (500,000 en todo el país) y aprovechando la división de la derecha entre faragistas y tories.

 Los verdes y, sobre todo, los demo-liberales han crecido, pero han quedado muy por debajo de los 3 primeros lugares. Estos dos partidos pro-europeos que fueron los que más han multiplicado sus eurodiputados en las elecciones del 23 de mayo van a tener un techo en su crecimiento en unas nuevas elecciones generales y están condenados a que su representación en el parlamento quede, al igual que la del Partido del Brexit, muy por debajo de la que saquen en las urnas.

Pese a que el laborismo fue muy golpeados en las euro-elecciones del 23 de mayo y que retrocedió en las locales de muchas regiones inglesas del 2 de mayo, este aparece como el favorito para lograr una mayoría (no necesariamente absoluta) en un futuro parlamento. Esto, en gran parte, se ha de deber a que Farage, tal como lo hizo en 2015, va a quitar claves votos a los conservadores quienes verán reducida su bancada.

La única forma que pudiese tener un futuro líder conservador pro-Brexit duro para imponerse es modificar la composición del parlamento y para eso debiera adelantar las elecciones y hacer alguna forma de pacto con Farage, pero si lo hiciera los tories podrían dividirse.

 

Isaac Bigio

Politólogo Economista e Historiador

 



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