La Realidad de Israel ante Elecciones del 9 de Abril


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Por Isaac Bigio*

 

Este 9 de Abril se dan las elecciones generales en Israel, en las cuales el primer ministro Benjamín Netanyahu busca ser reelecto para convertirse en la persona que más tiempo llegue a gobernar dicho Estado. Su principal carta de presentación es que él es el que más puede derrotar a Hamas, Hizbola y demás organizaciones armadas que él caracteriza como terroristas. Todos esos enemigos son musulmanes, pero dentro de ellos él no incluye al único movimiento caracterizado por EEUU como terrorista judío, con cuyos seguidores Netanyahu ha hecho una componenda electoral.

 

El terrorismo judío de Kahane

 

Meir Kahane fue un rabino ultranacionalista nacido en 1931 en Nueva York y asesinado allí mismo en 1990, que crearía el partido Kach y su Liga de Defensa Judía. Kahane, quien emigraría a Israel donde llegó a ser parlamentario, proponía obligar a todos los israelíes vivir bajo la ortodoxia religiosa, prohibir matrimonios mixtos entre judíos y miembros de otras etnias, anexarse todos los territorios palestinos ocupados, y que a todos los que no fuesen judíos se les diese la posibilidad de ser residentes sin derechos o ser deportados con o sin compensación.  

En 1971 él fue sentenciado en EEUU por encontrársele fabricando explosivos, mientras él luego confesaría haber lanzado bombas contra varias misiones diplomáticas soviéticas. Su partido es el único tipificado co o terrorista judío en EEUU y también fue proscrito en Israel por promover violencia racista contra los árabes.

Una de las personas que hoy abiertamente se reivindica seguidora de Kahane es Ben Ari, otro ex parlamentario israelí, quien ha fundado un nuevo partido kahanista llamado “Poder Judío”. Ben Ari plantea la expulsión inmediata de todos los inmigrantes sudaneses, quiere echar a la mayoría de los árabes de Israel y de los territorios palestinos ocupados, demoler la mezquita de Jerusalén, y hasta ejecutar a líderes izquierdistas en Israel. Uno de sus planteos era que había que bombardear tan fuerte Gaza hasta producir no pocos sino millares de muertos, porque allí “nadie es inocente”.

La corte israelí  ha determinado que Ben Ari no pueda candidatear debido a sus comentarios racistas, pero ha habilitado a su partido “Poder Judío” a participar en las elecciones.

Según la ley electoral israelí para que una lista pueda entrar al parlamento ésta debe obtener un mínimo del 3.2% de los votos, y dos listas pueden llegar a un acuerdo asociativo para que en caso de que hayan algunas que no lleguen a tal valla éstas puedan poder combinar sus fuerzas para repartirse un escaño que quedase vacante debido a tal caso.

Netanyahu se presenta a estos comicios con su propio partido (el Likud) y en asociación con la Unión de Partidos de Derecha. Para que el Likud pueda valerse de este sistema a Netanyahu le es indispensable que este último bloque sobrepase el 3.2% de los sufragios, y, para lograr ello, él insistió para que esta lista de ultraderecha incluyera a los kahanistas de “Poder Judío”.

De esta manera el caudal electoral de los simpatizantes de un movimiento caracterizado por EEUU e Israel como “terroristas”, por más que pueda ser inferior al 1% de los votos, es indispensable para que en la lista en que éste se encuentra (La Unión de Partidos de Derecha) logre llegar al parlamento y también ayude a Likud a ganar más congresistas y eventualmente a que vaya construyendo una mayoría absoluta para que vuelva a gobernar Netanyahu.

 

Discriminación antiárabe

 

Este tipo de alianzas es consistente con toda la orientación de quien ha sido el gobernante más derechista de la historia hebrea. Ya antes Netanyahu ha dejado ministerios claves al partido de su socio Avidor Lieberman quien plantea hacer que Israel se convierta en un estado étnicamente homogeneizado para lo cual se debería “transferir étnicamente” a todos los no judíos a un pequeño estado árabe que ellos permitirían en Gaza y partes de la Franja Occidental.

El constante repudio que Netanyahu fomenta sobre el nacionalismo árabe le ha llevado a que, en vez de promover una negociación por una salida binacional, siga provocando a los palestinos construyendo más colonias en sus tierras y llegando a decir que la culpa del holocausto nazi de 6 millones de judíos no se debe a Hitler, sino al muftí musulmán de Jerusalén quien le convenció al líder nazi para que no aceptara el plan para deportar a Palestina a los millones de judíos europeos, sino a que los exterminara.

Esto último ha sido muy mal recibido por los propios judíos de diversas partes del mundo, en especial quienes han tenido parientes asesinados por los hitlerianos, mientras que ello ha dado pie a la denuncia de algunos grupos ultra-ortodoxos judíos de persistir en acusar a la corriente de Zeev Jabotinksi (el líder del ala “revisionista” del sionismo que quería anexarse toda la actual Jordania y que llegó a ser un admirador de Mussolini, ala de la cual proviene el Likud) de haber buscado negociaciones con el eje fascista.   

Recientemente Netanyahu, acosado por tantas denuncias por corrupción y tráfico de influencias, logró que se aprobara una nueva ley que define a Israel como un Estado de todos los judíos del mundo y que deja de colocar al árabe como idioma co-oficial. Esto es algo que afecta a todos los judíos del mundo, pues la mayoría de ellos vive en países donde son una gran minoría pero donde siempre piden la total igualdad y que la nacionalidad sea dada por lugar de nacimiento, y no por raza o religión.

Además, es algo que ha enajenado a la minoría árabe que representa alrededor de la quinta parte de los ciudadanos de Israel pero casi la mitad de los habitantes que viven en Israel o en sus zonas ocupadas, eso sin contar a más de un millón de judíos que provienen de países árabes donde esa era su lengua materna. 

Un sector especialmente dolido han sido los drusos, la tercera congregación religiosa dentro de los árabes de Israel, pero la cual ha sido la más leal a dicho Estado llegando incluso a tener un alto índice de bajas de sus correligionarios sirviendo en el ejército hebreo. Ellos han hecho sus mayores protestas en la historia sintiéndose traicionados.   

 

Netanyahu contra el legado de Jabotinski

 

Netanyahu reivindica la tradición de Jabotinski, al igual como también lo hizo Menahem Beguin, quien llegó a ser el primer gobernante de derecha de Israel y a quienes conformaron parte de su organización armada que en la época previa al Estado de Israel produjeron un mega-atentado contra tropas británicas y la masacre de poblaciones nativas como en Der Yasin.

Sin embargo, la derecha israelí se olvida que Jabotinski llegó a plantear darles a todos los árabes no judíos exactamente los mismos derechos y hasta llegar a una fórmula según la cual  cuando el jefe de gobierno del futuro estado hebreo pudiese ser un árabe musulmán o cristiano, el vice fuese un judío, y viceversa.

En sus siete décadas de existencia Israel no ha seguido tal planteo que hubiese podido integrar a los palestinos, como tampoco nunca han permitido que un no judío llegue a ser primer ministro o cabeza de un ministerio. Igualmente, nunca se hizo caso a los planteos del Mapam, quien fue el segundo partido más votado cuando se creó Israel, que habló de formar un estado binacional y de permitir que los palestinos que habían huido de sus tierras ancestrales en las guerras pudiesen retornar a éstas.  

Toda la estrategia de Netanyahu es la de promover la supremacía de su propia etnia, incluso a costa de las demás. Esta política conlleva a una permanente paranoia donde se perciben a todos sus vecinos o minorías religiosas como enemigos abiertos o potenciales, a constantes bombardeos sobre territorios palestinos, libaneses o sirios, a tener un ejército que demanda tres años de servicio militar activo obligatorio a todos sus jóvenes (a quienes retarda su formación universitaria y pone en graves riesgos) y a ser el país que más bombas nucleares y actividades de espionaje tiene en relación a sus habitantes.

El gran problema que tiene los judíos que viven en Israel es que aproximadamente la mitad de las personas que viven o trabajan allí o en los territorios ocupados hace medio siglo  pertenecen a otros credos o hablan árabe. Nunca, sin embargo, ninguno de los no judíos ha estado a cargo de un importante rol y menos aún ha llegado a ser jefe de Estado o de gobierno, y eso genera descontento e  inestabilidad que Netanyahu quiere tapar promoviendo cruzadas contra el “terrorismo musulmán” o contra algunos vecinos. Antes el enemigo bélico contra el cual guerrearon fue Egipto, Jordania y Líbano, y ahora lo es Hamas, Hizbola, Al Fatah, Assad e Irán.

Si se quiere eliminar el peligro del terrorismo antijudío hay que también buscar una forma de integrar a sus propios habitantes no judíos y crear una unión en su entorno regional así como los europeos, africanos o latinoamericanos han sido capaces de hacerlo, pese a que algunos de esos países antes libraron guerras atroces entre ellos.

 

Americanizar a la “Tierra Santa”

 

Israel mucho se jacta de ser la única democracia del Medio Oriente, pero también es el único país no monárquico de dicha región que no le da la ciudadanía a una gran parte de quienes habitan los territorios que controla. De los 70 años de vida que tiene Israel casi 52 los ha tenido ocupando los territorios arrebatados a Egipto, Jordania y Siria en la guerra de 1967 (Gaza, Franja Occidental y Golán), pero sigue sin darle ciudadanía a sus residentes, mientras que Jordania y Egipto sí se la dieron cuando en 1948 se anexaron esas zonas.

La estrategia de Netanyahu ha sido la de promover cierta separación entre  judíos y no judíos, e incluso edificar un mega-muro que limita el flujo histórico de los habitantes nativos de Tierra Santa. Es hora de repensar ello y ver que tal vez la mejor solución al diferendo pase por una forma de “americanizar” este país, lo que significa, no el acercarlo más a EEUU, sino el que adopte las mismas características de toda república americana. Esto implica que sea un Estado para todos sus habitantes, donde todos tengan los mismos derechos y donde todos puedan llegar a ser altos militares, jueces, ministros y gobernantes, cosa que hoy no acontece.

En vez de considerar a los habitantes nativos como potenciales enemigos se debe recordar que incluso en el bíblico reino de Israel habían muchas religiones y que hasta Salomón construía templos para los credos tan disímiles de sus numerosas esposas; y que la gran mayoría de los palestinos tienen sus raíces en las 12 tribus de Israel y que siguen practicando muchas costumbres y formas de cultivar o hacer artesanías o ritos provenientes de ese pasado milenario. Los mismos palestinos, aunque sean musulmanes o cristianos, siguen reivindicando la herencia de Adán, Abraham. Isaac, Jacob/Israel, Moisés y todos los mismos profetas que figuran en la biblia hebraica, aunque su monoteísmo sea diferente.

Trump quiere inmiscuirse en las elecciones israelíes (como también se entromete en los asuntos internos de muchos otros países) recibiendo a su favorito Netanyahu en Washington en plena campaña, ocasión donde firmó reconocer la anexión israelí del Golán. Empero, ya es tiempo que los habitantes de Tierra Santa vean que lo mejor que pueden aprender de las Américas es hacia lograr una paz estableciendo repúblicas multiétnicas pluralistas donde se proscriba el terrorismo supremacista (y no se busque cogobernar con él).

En vista que Netanyahu no quiere dar paso a un estado palestino y que su partido o sus aliados quisieran anexarse todos los territorios ocupados, lo que le viene quedando a quienes plantean una sociedad plenamente democrática en “Tierra Santa” es una república unida abierta a todos los credos y etnias que tienen raíces históricas en ésta.       

 

Isaac Bigio

Politólogo economista e historiador formado en la London School of Economics donde enseñó ciencias políticas

    



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