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La descalificación de Husillos empaña una gran actuación española

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Ganar un título mundial no reviste carácter de epopeya para un atleta estadounidense. Han logrado tantos (154 al aire libre, 114 en pista cubierta) que ya no tiran cohetes. Para un español, sin embargo, una medalla de oro adquiere relieve de proeza.

De ahí que la descalificación de Óscar Husillos después de haber avasallado en la final de 400 metros, borrando de las listas un récord de Europa que dura ya 30 años en poder de Thomas Schoenlebe (45.05), constituya una verdadera tragedia personal y colectiva. España sigue teniendo un solo campeón mundial bajo techo: el lanzador de peso Manuel Martínez, que se colgó la chapa dorada precisamente en el Birmingham Arena, hace quince años.

POR UN MILÍMETRO

Un error milimétrico, al pisar la raya blanca de su izquierda cuando, desde el carril exterior se disponía a tomar la calle libre para volar por la cuerda hacia la meta, arrebató la gloria a Husillos, el sueño que había acariciado durante meses. La pérdida de los 40.000 dólares de premio eran una secuela menor.

El atletismo es así de cruel, los jueces británicos así de rigurosos. La delegación española reclamó, pero el Jurado de Apelación se mantuvo inflexible. Y una de dos: o los atletas han relajado su vigilancia en masa, o los jueces han redoblado bruscamente su intransigencia, porque de cuatro casos en Portland 2016 se ha pasado a trece en Birmingham.

PESADILLA DE HUSILLOS

Husillos sufría en sus carnes la pesadilla que ya vivió Natalia Rodríguez hace nueve años cuando fue descalificada por obstruir a la etíope Gelete Burka después de haber ganado con gran autoridad la final de 1.500 en los Mundiales al aire libre de Berlín.

El palentino recibió la fatal noticia cuando había empezado a comentar su gesta ante las cámaras de Teledeporte, en una escena que recordaba, por contraste, otra vivida por Bruno Hortelano en los Europeos de Amsterdam 2016, donde se enteró por una comentarista de televisión extranjera de que era el campeón de 200 tras la descalificación del holandés Churandy Martina.

DOS BRONCES

El drama de Husillos ensombreció la gran actuación del equipo español, que ni siquiera echó de menos a Ruth Beitia, la gran capitana ya retirada, tradicionalmente encargada de sacar las castañas del fuego al conjunto hispano.

Parece como si el equipo se hubiera conjurado para cerrar el duelo y, entre todos, hacer más digerible la definitiva ausencia de la gran capitana.

Frente a una sola medalla (la plata de Ruth) y dos finalistas en la edición anterior, España regresa de Birmingham con dos preseas y cinco clasificados entre los ocho mejores. Solo cuatro de los 17 seleccionados cayeron en la primera ronda: Laura Bueno (400) Marc Alcalá y Marta Pérez (1.500) y Esther Guerrero (800).

DOS ATLETAS SIN MÍNIMA

Curiosamente, las medallas -los bronces de Ana Peleteiro en triple y de Saúl Ordóñez en 800-, fueron conseguidas por los dos atletas repescados a última hora por la IAAF para completar cupos recurriendo al ránking mundial.

Peleteiro, campeona mundial júnior hace seis años y luego víctima de una larga crisis, parece haber encontrado definitivamente el camino recto bajo la sabia dirección del cubano Iván Pedroso. Hace ocho meses fue séptima en un Mundial al aire libre, ahora tercera bajo techo con el mejor salto de su vida (14,40), subiendo al podio junto a su compañera de entrenamientos la venezolana Yulimar Rojas, que retuvo la corona.

ORDÓÑEZ, DESCARADO

Ordóñez sacó partido de su descaro en una final de 800 que sólo tenía una medalla preasignada, la del polaco Adam Kszczot, imbatible este año cuando toma la cabeza al penetrar en el último giro. El leonés cubrió el relativo fallo del salmantino Álvaro de Arriba, víctima de un resfriado, que estaba en mejor forma que el berciano y aspiraba a plantar cara al polaco.

De Arriba hubo de conformarse con el quinto puesto, plaza de finalista que también obtuvo Eusebio Cáceres, octavo en longitud. El equipo español regresa de Birmingham con una elevada dosis de moral, con la sensación de que si ha sido capaz de competir más que dignamente en un Mundial, aún puede hacerlo mejor dentro de cinco meses en los Europeos al aire libre de Berlín, ya con una formación completa.