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La debacle de Trump

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Noviembre ha empezado muy mal para el hombre más poderoso del mundo. El lunes 4 el Comité de Inteligencia de la Cámara de los Representantes publicó las transcripciones de testimonios hechos bajo puertas cerradas por parte de dos importantes funciones del departamento de Estado. En éstos se agravan las acusaciones hechas contra Donald Trump por haber querido presionar al gobierno ucraniano a que enlode a la familia de Jo Biden, del actual favorito demócrata para competir en las presidenciales del 2020, a cambio de recibir asistencia militar y financiera.

Al día siguiente, martes 5, los republicanos recibieron serios reveses en una serie de elecciones dadas en varios Estados, las últimas en importancia antes de entrar al 2020 en que se define quien estará en la Casa Blanca. Los demócratas ganaron el control de las dos cámaras legislativas de Virginia por primera vez en una generación. En Kentucky perdieron la gobernación que detentaba Matt Bevin, un hincha de Trump.

En la noche del día anterior a esos comicios el presidente estadounidense visitó Kentucky donde se dirigió a una multitud de sus partidarios diciéndoles “Si ustedes pierden (la gobernación) ellos van a decir ‘Trump sufrió la mayor derrota en la historia del mundo’. No pueden dejar que eso me pase a mí”.

Anthony Scaramucci, su anterior director de comunicaciones, sostuvo a la CNN que “eso es muy muy malo” pues “un adulto que funcione moderadamente podría derrotar a Trump el siguiente año”. “No entiendo como el presidente y su equipo de campaña no entienden cuánto daño se ha venido haciendo desde agosto en varios estados oscilantes (los que deciden las presidenciales) y en varias encuestas”. De hecho, Joe Biden y muchos otros aspirantes demócratas derrotan sistemáticamente a Trump en todos los sondeos, incluso con significativos márgenes de diferencia.         

Declarando a la BBC Scaramucci sostuvo que “esos resultados van a enviar una señal a los republicanos en el Congreso, en la Casa de los Representantes y en el Senado, de que ellos deben deshacerse de él y dejar el trumpismo si quieren sobrevivir”. Para el ex-portavoz de Trump él está “absolutamente 100% seguro que Trump no va a volver a ser el candidato nominado por los republicanos para el 2020”. Según él para marzo deben expectorarlo si quieren tener alguna chance para las presidenciales de noviembre 2020.

Según la constitución norteamericana el impeachment puede avanzar si éste es respaldado por una mayoría simple en la Casa de los Representantes pero solo puede ser aprobado si es secundado por 2/3 del Senado. En la primera cámara los demócratas tienen mayoría absoluta (233 contra 197 republicanos y 1 independiente). Sin embargo, en la segunda los republicanos dominan con 53 senadores frente a 45 demócratas y 2 independientes. El senador oficialista más crítico es el ex candidato presidencial republicano Mitt Romney quien ha mostrado estar abierto a ver las pruebas pero aún ni él ni ningún otro miembro de su bancada ha mostrado inclinarse a favor del impeachment Por esa razón, por el momento, esto parece que no podría darse. Mientras los enemigos de Trump van a querer utilizar este proceso para desgastar su figura, él va a querer valerse de éste para aparecer como una víctima.

 

¿PERSECUCIÓN?

 

Trump ha replicado que este impeachment es parte de una cacería de brujas contra él. No obstante, este tipo de procedimientos han sido alentados por su propio partido contra otros gobernantes que no les agradan en las Américas.   

Gracias al “impeachment” fue removida de su cargo la izquierdista Dilma Rousseff, quien durante dos elecciones consecutivas se convirtió en la única mujer en la historia mundial en haber llegado a la presidencia de una república con más de 50 millones de votos. Trump, en cambio, es el único varón que ha llegado a la presidencia de una nación perdiendo por casi 3 millones de votos ante un contrincante femenino. El proceso brasileño sí fue lo que Trump ve como una caza de brujas pues el líder histórico del Partido de los Trabajadores, Lula da Silva, terminó inhabilitado para ser reelecto pese a encabezar todos los sondeos, y aún sigue preso.

Los republicanos organizaron los golpes parlamentarios en los cuales los congresos nacionales junto a las FFAA leales a EEUU depusieron a los gobiernos nacionalistas constitucional y popularmente electos de Manuel Zelaya en Honduras y de Fernando Lugo en Paraguay.

El 23 de enero Trump instruyó al portavoz de la asamblea nacional venezolana Juan Guaidó a que se auto-proclame como presidente en una plaza pública, al cual reconoció exactamente a los 10 minutos de ello y con esto alentó a una cincuentena de países a que sigan su reconocimiento diplomático. Todo esto, a pesar que Guaidó era un virtual desconocido en su natal Venezuela, a que nunca sacó ni 100,000 votos en ninguna elección y a que llegó a su cargo de jefe rotatorio del congreso sin ninguna elección interna tanto en su partido como en dicho parlamento. Es más, este último ni siquiera fue consultado o informado previamente de que Guaidó se iba a auto-juramentar presidente en una manifestación.

 

IMPEACHMENTS

 

Entre el actual proceso contra Trump y el que se dio contra otros dos predecesores republicanos suyos en la presidencia, Robert Nixon y Donald Reagan, hay una gran diferencia.

Nixon fue encontrado de haber plantado grabadoras en las oficinas de sus rivales demócratas para espiarlos y por haber distorsionado ampliamente los informes de las acciones y matanzas  producidas por sus FFAA que estaban invadiendo y bombardeando Indochina.

A Reagan se le iniciaron procesos por haber financiado y armado a la contra nicaragüense, autora de numeras voladuras de puentes, hospitales y demás obras de infraestructura civiles y de muchas masacres. Todo ello a espaldas y en contra de la ley estadounidense.

Este proceso, en cambio, se centra en querer sacar a Trump de la Casa Blanca por haber abusado de su posición para chantajear a un aliado suyo (el gobierno ucraniano) para que destape información que pudiese dañar la imagen de Joe Biden y su entorno. Esto es un mecanismo de defensa de la reputación de quien encabeza las internas demócratas.  

En los procesos contra Nixon y Reagan también se debilitaron indirectamente a Washington en su pugna contra Moscú, pues se hacía ver a los estadounidenses como dispuestos a emplear toda clase de trucos sucios o matanzas durante la “guerra fría”. Sin embargo, esta vez los demócratas quieren aprovecharse de este proceso para llamar a una línea más dura contra el Kremlin.

Los demócratas no regañan a Trump por sus lazos con Kiev quien libra una guerra contra sus separatistas ruso-hablantes. Los últimos 2 gobiernos ucranianos son los únicos de Europa que reivindican abiertamente la herencia de un ejército nazi (el de Stepan Bandera quien actuaba como fuerza de choque hitleriana contra los rojos y los judíos, polacos y otras minorías que vivían en Ucrania durante la ocupación alemana a inicios de los cuarentas).

Lo que los demócratas le cuestionan a los republicanos es de no haber sido mejores aliados de los nacionalistas ucranianos. A pesar de estar estos últimos llenos de bandas nazi-fascistas, lo que al partido demócrata le interesa es lograr es fortalecer militar y económicamente a Kiev contra Moscú. La oposición acusa a Trump de haber dejado que Vladimir Putin avance mucho.

La estrategia que ha pregonado Hillary Clinton es la de acrecentar una guerra fría contra Rusia para lo cual es importante mantener bien a la Unión Europea (y al Reino Unido dentro de ésta), mientras que Trump ha buscado aminorar tanta rivalidad con Putin para desarrollar otros conflictos con otros competidores económicos de EEUU tales como China o Europa.     

Si los procesos contra Nixon y Reagan se daban contra acciones que dañaban la reputación de la CIA o el FBI, el que ahora se sigue contra Trump busca revitalizar la influencia y el poderío de esos servicios mientras alude que Trump ha trastocado a la inteligencia militar en Ucrania para su propia vendetta personal contra el favorito demócrata para competir con él en las presidenciales.

 

CÓMO DERROTAR A TRUMP

 

El actual impeachment demócrata contra Trump no se viene dando cuestionando sus guerras,  por ser el primer presidente norteamericano en bombardear Siria, por armar a la teocracia saudita que está produciendo un genocidio en Yemen (el cual se ha convertido en el epicentro del peor epidemia de cólera del planeta), por haber llamado a invadir Cuba, Nicaragua y Venezuela, por haber pedido a los guardias fronterizos que disparen en las piernas a todos los inmigrantes latinoamericanos que entren ilegalmente por la frontera o por construir sobre ésta pantanos llenos de cocodrilos dispuestos a devorar hombres.

Este se da, al igual que el que se dio contra Bill Clinton, por cuestiones menores. Ciertamente que hay la posibilidad que vayan saliendo nuevas pruebas y que Trump, conocido por su poca experiencia política y por su gran boca, tenga nuevos trapitos al aire a ser revelados.

Sin embargo, hasta el momento este proceso no es popular ni es apoyado por multitudinarias manifestaciones. Los demócratas no quieren dar paso a un movimiento social que se vaya radicalizando.

Mientras tanto Trump ha respondido que todo esto es un complot “socialista” “de la extrema izquierda” que “odian América”. Él ha amenazado que va a “gobernar 16 años”, pese a que la constitución no se lo faculta. Ha alentado grupos ultraderechistas y racistas como también una demagogia xenofóbica, racista y sexista.  Incluso ha amenazado con la posibilidad de que se produzca una “guerra civil” si se le quiere deponer. El trumpismo viene incubando tendencias autoritarias.

Una eventual caída de Trump como efecto de una combinación de los procesos abiertos por los demócratas y de una rebelión de cuadros republicanos solo podría dar como resultado a que él sea remplazado por su vicepresidente Mike Pence, el mismo quien viajó a Colombia a organizar directamente una posible invasión armada sobre Venezuela y la destrucción de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR).

Los demócratas quieren aprovechar este proceso para ganar las presidenciales del próximo noviembre. En caso de darse eso ellos podrían liberalizar varias cuestiones sociales internas pero hay el riesgo que promueva una peligrosa guerra fría anti-rusa.

Para las fuerzas más progresistas que hay en EEUU la mejor manera de librarse del trumpismo es promoviendo grandes manifestaciones que logren que sea el pueblo mismo quien le ponga fin a Trump y que en esas acciones se avance en una agenda social para sus 300 millones de habitantes.      

Isaac Bigio
Historiador


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