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La bajada de La Palma, el encuentro de dos mundos

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Luis León Barreto

Una víctima más del coronavirus ha sido la Bajada 2020, y La Palma bien que nota la ausencia de visitantes, aunque se rompa la tradición lustral seguro que la celebración en el año próximo será memorable.

Las fiestas de la Virgen de las Nieves suponen el encuentro entre la raíz de la cultura rural que define todavía mayoritariamente la esencia palmera y la cultura urbana, es decir de una parte la isla agrícola que fue destacada en azúcar, vino y tabaco, y de otra la ciudad de funcionarios, propietarios, rentistas, obreros portuarios y comerciantes.

Las fiestas muestran son señales del pasado, de cuando la pequeña ciudad de Santa Cruz de La Palma suponía el encuentro de dos pensamientos bien diferenciados: de una parte el poder de las tradiciones y de otra parte el sesgo avanzado de una minoría comprometida con el progreso, la innovación, el debate liberal y republicano.

El cura Díaz, ejemplo de un clero que deseaba nuevos horizontes, es un prototipo de esos dos mundos que en la Bajada supieron armonizarse.

La Bajada es entrañable, es aristocrática y decimonónica, y es un muestrario de sabiduría e ingenuidad; de una parte fidelidad a los ancestros y de otra ventana abierta al espíritu cosmopolita, recuperación de las raíces y cultivo de un estilo esteticista y aristocrático de la práctica cultural.

Hay un aporte de destreza en los números circenses y de los acróbatas, hay un efecto de ingenuidad en el desfile de las pandorgas, una reminiscencia barroca en las loas y los carros, el diálogo entre el Castillo y la Nave, una cita a la exquisitez de las élites europeas con el minué.

Baja el trono de plata por El Planto, hay romería, costumbrismo, sentir del pueblo llano, vino de las bodegas que aquí abundan, exquisito mojo palmero, papas arrugadas, nuestro queso de cabra tan elogiado y mucho folklore.

Hay mascarones, es decir los clásicos gigantes y cabezudos, con significativos personajes locales. La Danza de Acróbatas en la calle es un esfuerzo de jóvenes, mientras que el festival dieciochesco recrea el espíritu del rococó.

El Carro Alegórico y Triunfal, de honda raíz barroca, pregona la celebración, el Diálogo entre el Castillo y la Nave homenajea la gran literatura española. Cómo no recordar los nombres fundamentales de Antonio Rodríguez López y Luis Cobiella, dos impulsores de la fiesta tal como se entiende hoy.

Lo popular y lo elitista se dan la mano, y el verdadero golpe de efecto que recoge el ingenio de la isla es el omnipresente baile de los Enanos, piedra angular sin la cual el edificio dejaría de funcionar. Los Enanos son el símbolo por antonomasia de la Bajada, y la polca que los acompaña es la musiquilla más reconocible.

Los Enanos son magia y maravilla, por muchas veces que los veamos los Enanos nos seguirán dejando con la boca abierta. Hay que agradecer también a quienes impulsan la fiesta la recuperación de antiguos eventos, como el de las poesías murales en la calle, en el que siempre hay una nutrida representación de los talentos literarios.

Y ahora de lo que se trata es de aunar fuerzas para conseguir que la Unesco pronuncie la declaración como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, pues esta celebración –que se remonta al siglo XVII- procuró ser el bálsamo ante las sequías, los volcanes, las plagas de langostas y toda la incertidumbre que suponía la condición de isla muy alejada, mal comunicada y con escasos bienes materiales.

Una isla que tuvo privilegios de comercio, una isla con astilleros que fabricaban los veleros más rápidos hacia el Caribe, una isla que fue ilustrada y que tuvo su Siglo de Oro cultural, con una activa minoría de intelectuales, con un pueblo sencillo, campesino y artesano que muchas veces tuvo que hacer el viaje a las Américas.

Y que en temporales siempre llamó a su Virgen de las Nieves porque –en caso de extrema necesidad- el Cielo siempre desciende en forma de milagro. Y, en realidad, en una era en que las creencias se van desvaneciendo, en La Palma siempre se han sabido conservar las costumbres que vale la pena conservar.

Por eso la Bajada es multitudinaria, qué tiempos aquellos en que los paisanos de Venezuela venían en verdadera muchedumbre. Qué pena da hoy en día pensar que los dos países a los que debemos tanto –Cuba y Venezuela- padecen unas circunstancias tan desfavorables. Y cómo no acoger ahora a los latinoamericanos que buscan un futuro mejor en nuestra tierra.

De cualquier modo, la Bajada de 2021 sin duda será la mejor de la historia.

Blog La Literatura y la Vida

 

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