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Implicaciones del positivo en Coronavirus de Trump

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Isaac Bigio, Analista Internacional 

A un mes de las elecciones generales del 3 de noviembre el presidente estadounidense Donald Trump anunció por twitter que tanto él como su esposa Melanie habían quedado infectados por COVID-19. Todo ello va a alterar significativamente los comicios más sucios que haya tenido la mayor mega-potencia que hay.

Dos días antes de comunicar que las pruebas habían arrojado que él estaba con el coronavirus, es que se había dado el primer debate presidencial en el cual Trump abiertamente se había mofado de su contrincante Joe Biden al quien ridiculizó por desplegar grandes máscaras y distancias.

Con un diagnóstico positivo de COVID-19 el actual inquilino de la Casa Blanca está obligado a permanecer dos semanas  bajo auto-aislamiento, por lo que ha debido cancelar una serie de giras y es posible que ello postergue o cancele el siguiente debate de candidatos.

 

RESPONSABILIDADES

 

Los enemigos de Trump han de argumentar que él ha sido víctima de sus propios errores. Desde el inicio de la pandemia él menospreció ésta, llegando a confesar al periodista Bob Woodward que él intencionalmente no quiso llamar la atención del público sobre ello. Llegó a decir que el coronavirus iba a ser algo temporal, mientras que se negaba durante varios meses a usar máscaras e incluso llamó a decir que la gente debería inyectarse lejía como antídoto.

Hoy EE.UUU. bordea los 7,5 millones de casos por COVID-19, lo que implica alrededor del 2.5% de sus habitantes, aunque la cifra debe ser mayor si se toman en cuenta muchos que no han sido diagnosticados con dicho mal. Ya en su país hay más de 200,000 muertos por ello, aunque esa cantidad debe acrecentarse si se suman los que han fallecido sin que en la partida de defunción se registre la palabra COVID-19 o por efectos colaterales de los problemas que las cuarentenas, carestía y reducción de servicios ha causado esta pandemia. Y lo peor es que la pandemia puede que vaya a subir a medida que las temperaturas vayan bajando.

La alta expansión del coronavirus se ha dado, además, por que EE.UU. no tiene un sistema de salud universal y gratuito así como una red de seguridad social, en tanto que Trump consistentemente ha perseguido a sus más de 10 millones de inmigrantes indocumentados, en vez de haberles otorgado una amnistía a fin de que dejen de ser el sector más permeable a contraer y expandir el virus debido a sus bajos ingresos y dificultades de acceder a los servicios médicos y sociales.  

 

JOHNSON, BOLSONARO Y TRUMP

 

Trump ha contraído el coronavirus después que sus principales aliados en las Américas (el Presidente brasileño Jair Bolsonaro) y en Europa (el Primer Ministro británico Boris Johnson) lo tuvieron antes. Los tres comparten el hecho de que inicialmente menospreciaron al COVID-19 y a las medidas de bio-seguridad. Todos ellos salían a dar la mano en público, no querían usar mascarillas o iban a eventos con muchedumbres.

Sin embargo, hay una gran diferencia. Ni Johnson ni Bolsonaro tenían que hacer frente a comicios mientras estaban recuperándose, en tanto que Trump quedó enfermo 31 días antes de las presidenciales en las cuales todas las encuestas le ponen con una sustancial desventaja.

Al igual que pasó con el jefe de gobierno británico la Casa Blanca ha informado que los síntomas de su mandatario son “leves”, pero no sabemos cómo ello pueda evolucionar. En el caso de Johnson él acabó entrando en el hospital bajo el argumento de hacerle unos chequeos pero acabó casi una semana en cuidados intensivos y con alto riesgo de su propia vida.

Trump es 20 años mayor que Johnson. Su alta edad y obesidad juegan en su contra, pero la mayor parte de las personalidades en el poder que han sido contagiados con este mal se han recuperado (como los príncipes de Mónaco o Reino Unido), aunque el presidente de la empobrecida pequeña repúblico centro-africana de Burundi Pierre Nkurunziza murió por el COVID-19.

 

EFECTOS

 

Aunque Trump logre recuperarse de su enfermedad, que es lo más probable, no le va a ser nada fácil recobrarse de su descredito político. El hombre que empezó el 2020 pensando que el viento soplaba en su favor al haber evitado el “impeachment” y estar liderando una economía en crecimiento, ha terminado convirtiendo a su consigna de “América primero” en ser, en realidad, la primera potencia en pandemia y pandemonio económico y racial.

La manera en la cual se condujo en el debate presidencial donde constantemente interrumpía a todos y no se sujetaba al ordenamiento de éste, así como sus constantes amenazas de no respetar los resultados electorales, le han ido quitando aún más mucha credibilidad.

Todo indica que estamos presenciando el fin de la presidencia Trump. Él fue el primer hombre en la historia mundial en haber llegado a la presidencia de su país tras haber perdido en una elección entre dos candidatos por casi 3 millones de votos. Ahora puede que sea uno de los pocos mandatarios norteamericanos que no logre ser re-electo y que, es más, haga que su partido se convierta en una minoría en las dos cámaras del congreso.    

Según la constitución estadounidense si el Presidente se muestra incapaz por enfermedad para realizar las tareas del día a día su puesto debe ser tomado por su vicepresidente, en este caso Mike Pence. Y si éste último en el hipotético caso de que contrajera COVID-19 quedase también imposibilitado por razones de salud, le debería suceder en el cargo la actual lideresa de la cámara de los representantes que es la opositora demócrata Nancy Pelosi, alo que llevaría a inmediatos desafíos judiciales de parte del oficialismo republicano.

 

PERSPECTIVAS

 

Las últimas pruebas han indicado que tanto Pence como Pelosi o Biden tienen el coronavirus, pero no se puede descartar que lo puedan contraer. Si Biden fuese infectado (ya sea por haber estado cerca de Trump en el debate presidencial, momento en el cual ya el virus debió haberse estado incubando en él, o por otra razón) esto también afectaría mucho su perfil electoral.

Trump podría tener como tabla de salvación el hecho de que se generase una corriente nacional de simpatía en todo EE.UU. para con el presidente convaleciente, algo que ha de fomentarse con cientos de miles de personas orando por su mejoría. No obstante, una cosa es que la gente quiera su recuperación y otra que confíe en él para salvar a su nación.

En las elecciones dominicanas (las primeras en las Américas durante la pandemia) ganó alguien que fue diagnosticado con COVID-19. Él ha sido Luis Abinader, el cual, a diferencia de Trump, no tenía en su contra haberse desgastado en el poder y encabezando una de las peores crisis económicas, raciales y de sanidad de la historia de su país, sino encabezar la oposición a un partido que llevaba 16 años en la presidencia.            

A estas alturas Trump tiene las de perder y su forma desesperada de polemizar en el debate presidencial muestra su nerviosismo. Lo único que le podría salvar son errores de su contrincante Joe Biden, el mismo que cada vez hace más y más intentos para acercarse hacia la derecha y distanciarse del ala izquierda de los demócratas capitaneada por Bernie Sanders.  

 

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