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Gradualmente el oficialismo venezolano busca desacreditar a Guaidó en aras de buscar el poderlo apresar.

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La contraloría general de la república de Venezuela acaba de decidir imponer la mayor penalidad que puede legalmente hacer sobre el diputado Juan Guaidó, a quién EE UU y otros países reconocen como el presidente encargado de dicho país. Esto implica que se le declara inhabilitado para ejercer cualquier función pública por un periodo de 15 años, y por ende el paso consiguiente sería revocarle de sus funciones como parlamentario y como presidente de la Asamblea Nacional.

Ésta justifica ello aduciendo que él ha viajado al exterior unas 90 veces durante los 3 años en los que fue diputado antes de ser nominado presidente de la Asamblea Nacional este 5 de enero, además de otra hecha entre el 22 de febrero y el 4 de marzo donde hizo su gira por Sudamérica viajando en un avión de las fuerza aérea militar colombiana. En total, según esa fuente, en los 40 meses que Guaidó tiene como parlamentario electo, él se ha ausentado del país 8 meses, es decir la quinta parte de su mandato.

Si bien la mayor parte de esos vuelos han sido hechos en aerolíneas privadas, afirmó la contraloría, hay varios hechos en naves privadas. Además de todos esos expendios por viajes se deben sumar los de alojamiento y estadía, mientras que la contraloría asevera que Guaidó usualmente se hospeda en hoteles de lujo y se ha desplazado en limusinas y ha sido homenajeado con banquetes.

La contraloría ha dicho que todas esas expensas han sido multimillonarias y que muestran un estándar de vida distante al de cualquier servidor público o con el sueldo de un diputado, y también de cualquier venezolano. Según lo ha dicho Guaidó el sueldo promedio venezolano es de menos de 10 dólares mensuales.

Quien ve su ropa notará que usualmente lleva ternos muy finos. Guaidó es, a su vez, el hijo de un chófer y proviene de un hogar nada rico. Su esposa hoy para muy bien vestida viajando por diversos países donde se hospeda en buenos hoteles, se ve con varios mandatarios, habla de qué trajes lucir cuando se vea con la reina británica y acaba de entrevistarse con Trump y Pence, ocasión en la cual el presidente de EEUU definió a Venezuela como una “compañía”.

DESACREDITAR

Con este tipo de acusaciones se busca desacreditar, mostrar que su discurso contra la llamada corrupción chavista sería inconsistente (pues él sería otro corrupto más, y, encima, en gran escala) y crear una valla entre él y muchos descontentos en el pueblo venezolano, así como dentro de las instituciones de todas las democracias occidentales, las cuales son muy escrupulosas en pedir que todo funcionario electo justifique todos sus gastos y no sea financiado por intereses ante los cuales él debe servir (en vez de los intereses de sus electores).

Días antes de esta denuncia de la contraloría, el responsable de prensa del gobierno venezolano ha mostrado una supuesta serie de chats y evidencias donde presenta a Guaidó como una persona interesada en apropiarse de millones de dólares públicos, e incluso mil millones de fondos estatales, tratando de aparecer como el único gobierno legítimo al cual las cuentas bancarias y de las empresas nacionales venezolanas en el exterior le deben ser transferidas.

Además, le sindican de ser parte de un partido terrorista (Voluntad Popular) que promueve el sabotaje eléctrico, la violencia y el asesinato, aunque por esto último no le han procesado todavía.

La reciente captura de su mano derecha y número dos, Roberto Marrero, quien es, además, el gran operador político de Voluntad Popular, fue una prueba hecha por Maduro para ver hasta qué punto podría reaccionar la población y EEUU. Hasta la fecha no ha habido mayor rechazo popular a dicha captura, y el gobierno busca ir poco a poco preparando las condiciones para arrestar a Guaidó.

En cierta manera Maduro aplica sobre Guaidó una cuchara de la misma medicina que Trump le viene aplicando a él. La Casa Blanca, en vez de ir ya a una invasión, ha buscado ir minando al chavismo con varias acciones, siendo la última, según el oficialismo, el sabotaje a los servicios de luz y agua.

Hoy Maduro quiere ir demoliendo gradualmente la imagen de Guaidó. Este joven de 35 años que salió al estrellato mundial al autoproclamarse presidente encargado de Venezuela el 23 de enero era, hasta esta fecha, un desconocido para el 80% de los venezolanos.

En cierta manera esa falta de exposición pública le favorecía al aparecer como una figura juvenil, fresca, renovadora y enérgica. Hoy, sus rivales tratan de demoler su autoridad moral antes de demoler su autoridad política en aras de ir hacia apresarlo, sin que ello concatene muchas reacciones internas o externas.

OFENSIVA

La estrategia de Maduro es la de demostrar que el de Guaidó es el único supuesto gobierno del mundo que carece de cualquier poder y que, en vez de tener un gabinete y contar con ministros, solo se reduce a nombrar embajadores o administradores de bienes venezolanos en el exterior. Apuntan a mostrarlo cuya ambición es apropiarse de los recursos estatales, a la par que le van enlodando como si fuera un gran corrupto que no puede explicar cómo se financia ni quien financia sus viajes, hoteles (según la controlaría él hoy va de uno a otro de lujo) y “banquetes”.

Además, se le busca hacer responsable de alentar acciones terroristas, tras haber fallado en propiciar un golpe militar y una invasión extranjera. Cada vez que Guaidó habla de que él tiene la autoridad personal de poder llamar a tropas extranjeras a que entren a Venezuela, su autoridad pierde pesp en muchos sectores que no quieren ver su patria invadida o convertida en una nueva Libia.

Todo eso se da mientras que crecen las acusaciones constitucionales que su periodo de “presidente encargado” ya ha pasado, pues según la carta magna venezolana, éste solo debe durar un breve lapso en cuyos primeros 30 días se deben convocar a elecciones presidenciales, las cuales él no ha llamado ni siquiera a la manera del parlamento catalán que en contra de la represión estatal española organizó su propio referendo.

Guaidó trata de no responder a esas acusaciones para supuestamente no caer en el juego, pero estas pesan. Mientras tanto su capacidad para movilizar grandes masas ha ido disminuyendo, a punto que parece haberse revertido la situación del 23 de enero. Cuando sus marchas parecían mayores que la del chavismo, mientras que hoy las que hace Maduro para denunciar al “imperialismo” y al “terrorismo” se ven mucho mayores.

Ante tal ofensiva chavista en contra suya Guaidó plantea acelerar el proceso hacia la toma del palacio de Miraflores, la cual solo podría hacerlo mediante una masiva rebelión popular combinada con una militar, elementos que él no tiene. Por el momento él insta a aprovechar los apagones para producir revueltas callejeras.

La llegada de tropas rusas a Caracas y la negativa de las fuerzas armadas del Brasil y de las potencias europeas para una invasión de EEUU, es algo que limita la posibilidad de una agresión externa, pero Maduro debe ser cauto y no arriesgarse a provocar éste si detiene a Guaidó. Mientras tanto EEUU viene moviendo sus fichas en Colombia y las Antillas holandesas, y Elliot Abrahams bien puede estar organizando, como antes lo hizo en Centroamérica, grupos paramilitares para hacer acciones de sabotaje y violencia en Venezuela.

APRESARLO

Abrahams ha dicho que cualquier intento de capturar a Guaidó sería fuertemente respondido, lo que pudiese entenderse como una amenaza de mandar un equipo militar a “liberarlo” o a apresar a algún funcionario venezolano, una serie de bombardeos o, incluso, una invasión a gran escala. Esto último es una jugada muy peligrosa pues requeriría de al menos 100,000 uniformados norteamericanos y podría desencadenar un Afganistán en el Caribe que dure muchos quinquenios y que acabe salpicando a toda la región y hasta los mismos EEUU.

Seguramente a lo que apunta Maduro es hacia ir transformando a Guaidó en el “hombre más odiado por los venezolanos” y ver en qué momento o Guaidó se ha convertido en un fruto maduro. Cuando vea que él ha quedado muy desprestigiado ese va a ser el momento en el cual él se arriesgue a capturarlo y sentenciar.

Si John Bolton amenazó a Maduro de capturarlo y apresarlo en Guantánamo, el líder chavista anda buscando que las condiciones maduren para justificar apresar a Guaidó.

Isaac Bigio

Politólogo economista e historiador formado en la London School of Economics donde ha enseñado política venezolana y latinoamericana

 



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