Europa

Giro laborista contra el Brexit

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Jeremy Corbyn acaba de comunicar que la nueva política del principal partido de oposición consiste en demandar un referéndum confirmatorio cualquiera sea una posible salida de la Unión Europea y que, en caso que se diese un “Brexit tory”, llamarían a votar por quedarse en la UE.

EVOLUCIÓN LABORISTA

Este viraje es significativo pues en las elecciones del 23 de mayo al parlamento europeo los rojos tuvieron una posición confusa por la que apenas sacaron un 14% de los votos. En este quedaron por primera vez en su historia tras el recién fundado partido del Brexit y de los liberal-demócratas.

En el referendo europeo de junio 2016 Corbyn y el grueso de la bancada parlamentaria, la base militante y el electorado tradicional del laborismo votaron por quedarse en la UE, opción que solamente logró poco más del 48% de los votos, perdiendo por menos de 4 puntos de diferencias ante quienes pedían separarse de la UE.

A partir de entonces Corbyn se comprometió a aceptar los resultados de dicho referéndum aduciendo que más de 17 millones de personas habían votado por divorciarse de la UE. Sin embargo, en dicho plebiscito no se planteó un modelo claro y alternativo ante la UE. Hay muchas formas de hacer divorcios desde las duras hasta las moderadas. Mientras Corbyn quería salirse del parlamento europeo y de varias instituciones del bloque político continental sí quería mantener formas de unión aduanera, mercado común y adhesión a normas de defensa de los derechos laborales y ecológicos y a la corte de derechos humanos de Europa. En cambio, la opción de Nigel Farage es una ruptura frontal sin ninguna forma de mercado común o unión aduanera y regida únicamente bajo las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC en castellano, WTO en inglés).

LA CAÍDA DEL BREXIT BLANDO

El ex tesorero y canciller conservador Kenneth Clarke, el único parlamentario que se acerca al medio siglo de haber sido varias veces reelecto en la cámara de los comunes, llegó a plantearle a los pro-europeos como él la posibilidad de hacer una fórmula de transacción entre partidarios y enemigos de la UE proponiendo retirarse del bloque político continental pero manteniendo muchas cosas del bloque económico europeo. No obstante, ni esto ni los diferentes planes de May o las propuestas de Corbyn fueron aprobados por un parlamento donde ninguna opción sobre la UE cuenta con mayoría absoluta.

En esas circunstancias la primera ministra May tuvo que anunciar su salida. Los dos partidos históricos que desde hace 8 décadas se alternan siempre en el poder quedaron muy mal parados en los comicios del 23 de mayo. Los tories obtuvieron su peor resultado en 3 siglos de vida pues sacaron el quinto puesto con menos del 9% de los votos.

En esas elecciones tanto rojos como azules fueron castigados por tener posiciones no claras sobre el Brexit y ambos fueron desfasados. Del lado de quienes quieren una ruptura inmediata e incondicional con la UE el Partido del Brexit y otras formaciones similares menores sumaron el 35% de los votos a nivel de todo el Reino Unido, mientras que los partidos pro-UE como los liberal-demócratas, verdes, nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte y otros anti-Brexit, sumaron el 42%.

Esta polarización ha afectado a los dos partidos que controlan casi el 90% de la cámara de los comunes. Hoy los conservadores se aprestan a elegir a un nuevo primer ministro que esté dispuesto a hacer un Brexit sin acuerdo (algo que plantea Boris Johnson y que Jeremy Hunt trata de acercársele) mientras que en el laborismo hay una gran presión para rechazar ello y transformarle en el partido pro-europeo.

Ante ese giro contrapuesto va a ser inevitable que del lado anti-UE va a perder piso el Partido del Brexit y el UKIP, y del lado pro-europeos va a pasar lo mismo con los liberal-demócratas, verdes y nacionalistas celtas.

No obstante, el giro laborista no es tan total. Por el momento Corbyn insiste en que la política oficial es la misma que aprobó el laborismo en su última conferencia. Esta implica que, en caso de ir a una elección general, los laboristas van a buscar una fórmula de compromiso que una ambos extremos del referéndum (a favor y en contra de la UE), la cual la someterían a un referéndum confirmatorio.

Tal postura es cuestionada por Hillary Benn y otros parlamentarios laboristas pro-europeos quienes insisten en que ya se debe desechar cualquier tipo de Brexit. No obstante, con ello Corbyn intenta mantener puentes ante una minoría pro-Brexit de parlamentarios y electores laboristas, particularmente del euro-escéptico norte de Inglaterra, tradicional bastión industrial y laboral.

NUEVA POLARIZACIÓN

Ahora conservadores y laboristas van a buscar recuperar terreno transformándose en los paladines de ambos campos (los primeros por romper inmediata e incondicionalmente con la UE y los segundos por evitar ello y preservar estar en la UE).

Esto viene haciendo que algunos parlamentarios opuestos a dicho giro al interior de su partido venga anunciando que ya no van a buscar ser reelecto. Tal es la situación del más pro-UE de los tories, Kenneth Clarke, como de Kate Hoey, la única parlamentaria laborista que se paseó con Farage para apoyarle durante el referéndum y que representa a Vauxhall, el distrito adyacente al barrio comercial latino de Elephant and Castle donde está la Pequeña Portugal y que tiene más iberoamericanos y que es más pro-UE de Inglaterra.

Para este 12 de octubre, cuando se cierra el Mes Amigo que celebra a los cientos de miles de latinos, ibéricos, hispanos, lusos y nativos americanos del Reino Unido, se planea una mega-marcha en favor de los derechos de los ciudadanos europeos y en pro de un nuevo referéndum. Esta es la tercera que se va a dar, pero la que se viene apunta a superar el millón de personas y convertirse en la mayor demostración británica del siglo junto con la de la protesta contra la guerra de Irak. Ahora, a diferencia de esas otras oportunidades, el laborismo iría como partido junto con todos los sindicatos.

El viraje laborista va a implicar que los conservadores van a estar con una fuerte presión. Cualquiera sea su nuevo primer ministro él no va a tener mayoría parlamentaria absoluta para que se apruebe su plan de Brexit, por lo que se acerca la posibilidad de que se adelanten elecciones generales y un nuevo referéndum. Esto, además, va a incidir positivamente en la campaña de Johnson quien ahora es casi seguro que vaya a ganar las internas tories y por ende el premierato. Su gran atractivo que tiene para la derecha es que él es el único que podría disputar una elección general a Corbyn.

Nos acercamos a una pronta nueva votación a nivel nacional donde la tendencia será hacia un polo pro-europeo liderado por Corbyn (un antiguo euro-escéptico) y uno anti-europeo comandado por Johnson (cuya formación y familia es pro-europea).

Isaac Bigio

Politólogo economista e historiador formado en la London School of Economics donde enseñó ciencias políticas

 



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