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Chile se Levanta

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Foto De : Hugo MoralesTrabajo propio, CC BY-SA 4.0, Enlace

El domingo 6 de octubre subieron los precios del transporte público en Santiago. Eso desencadenó una reacción popular espontánea, creciente e imparable. 

Ya de por sí el transporte público en Santiago es uno de los más caros del continente. El pasaje de bus cuesta un dólar y el de metro un poco más.  Los gastos por movilidad son equivalentes a la séptima parte del salario mínimo en un país donde los gastos por educación y salud, que en otras naciones son servicios gratuitos o subsidiados, en muy caros. 

El movimiento empezó con masivas evasiones de pago de tiquetes y con protestas estudiantiles. El viernes 18 se realizaron masivas marchas y algunos incendios, el 90% de la policía santiaguina fue ordenada para cuidar el metro,  y el gobierno decretó el estado de sitio y el toque de queda. 

No obstante, estas medidas fueron como querer apagar el fuego lanzando gasolina. Las protestas fueron creciendo hasta que el viernes 25 de octubre al menos 1, 200,000 chilenos salieron a las calles de Santiago en lo que se ha denominado “la mayor marcha de la historia”. Simultáneamente  se dieron movilizaciones a los largo de toda la república. 

Ese día se conmemoró el 102 aniversario de la revolución bolchevique pero el presidente Sebastián Piñera no se atrevió a acusar a los manifestantes de “leninistas”, pese a que Chile cuenta con uno de los partidos socialista y comunista más grandes de Latinoamérica. La mega-marcha había congregado a la cuarta o quinta parte de la capital. Piñera, más bien, había declarado: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada, ni a nadie, que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite”. Tales declaraciones exacerbaron las protestas espontáneas, las cuales no estaban dirigidas por ningún líder o movimiento político.   

El domingo 27 se dio la mayor marcha de la historia entre Viña del Mar y Valparaíso, dónde está el congreso, en la cual participaron 200,000 personas. Esta misma sería reprimida. 

Tras la magnitud de esas marchas, el lunes 28 Piñera anuncia un nuevo gabinete donde remueve 8 ministros incluyendo de áreas tan claves como interior, economía, hacienda, trabajo y secretaria general de gobierno. 

Piñera, igualmente, decidió suspender el estado de sitio y entrar a un proceso de negociación con las dos cámaras parlamentarias y la corte de justicia. Los senadores y diputados aceptaron dar paso a un “pacto social”, el cual ha sido objetado solamente por los comunistas y el Frente Amplio. 

Uno de los resultados de tales protestas ha sido que el congreso decidió rebajar los sueldos de sus miembros y reducir la jornada laboral semanal de los chilenos a 40 horas. 

Hasta el momento las cifras más conservadores muestran que hay más de 20 muertes, 1500 hospitalizados, 2500 heridos y 4300 detenciones. Hay numerosas denuncias de desaparecidos, torturas, violaciones, homofobia, simulaciones de fusilamiento y otras graves agresiones a los derechos humanos. 

La brutalidad con la cual la policía y el ejército han respondido a las protestas ha hecho recordar a los chilenos que la constitución y estructura militar implantada por Pinochet se mantiene intacta. Mientras otros países del cono sur (como Argentina, Bolivia o Uruguay) han encarcelado a numerosos golpistas y torturadores, en Chile se ha mantenido relativamente intocable al aparato represivo heredado de la longeva dictadura. 

Pese a los intentos de todos los grandes partidos (incluyendo los de la oposición) de lograr un acuerdo nacional, hasta el momento las protestas continúan. Diversos sindicatos vienen demandando una huelga general indefinida hasta producir la caída de Piñera y una nueva asamblea constituyente que cambie la carta magna confeccionada por la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

 Piñera se ha convertido en el presidente más impopular del Chile post-Pinochet y posiblemente de todo el continente. Sus índices de aprobación en las encuestas son solo del 13% mientras que alrededor del 80% le rechaza. El único que compite con él en tasas tan bajas de aprobación popular es el mandatario ecuatoriano Lenin Moreno quien, al igual que Piñera, también tuvo que desbaratar un estado de emergencia que había declarado para poder contener el descontento de las calles contra alzas de precios. 

La magnitud de la explosión social no fue esperada por el gobierno que no ha entendido cómo una leve alza de pasajes en Santiago puede desencadenar toda una explosión social en todo el país. El rechazo a ello fue la gota que rebasó el vaso. El descontento es más profundo y hunde sus raíces en un resentimiento a que se ha preservado todo el modelo económico y el aparato represivo del pinochetismo.   

MODELO

Chile ha sido considerado como el gran ejemplo a imitar por todos las naciones americanas. Los admiradores de dicho modelo sostienen que el país austral ha logrado tener tasas de crecimiento del 5% anual. 

El tipo de economía monetarista que implantó Chile tras el golpe de Augusto Pinochet en 1973 influyó también a toda la región.  El gobierno de Salvador Allende (1970-73) trató de incrementar el rol del Estado, y disminuir la injerencia de EEUU así como de la brecha social. En cambio, en los 17 años que duró la nueva dictadura militar se dio cancha libre a la escuela de Chicago para que ensaye sus recetas neoliberales sin tener que supeditarse a ningún tipo de vigilancia democrática. 

Según su ideólogo Milton Friedman se debía estimular el crecimiento atrayendo grandes inversionistas privados para lo cual había que reducir los impuestos y controles sobre ellos, así como desbaratar la estabilidad laboral y una serie de derechos de los asalariados. El Estado debía retirarse lo más posible del mercado para hacer que éste por sí mismo fije sus propios precios. Todas las empresas nacionales fueron privatizadas, desde las minas hasta el agua. Con Pinochet se proscribieron sindicatos y se anularon derechos a la huelga. Se perdieron conquistas ligadas a vacaciones laborales, derecho a la maternidad, etc. 

Inspirados en el ejemplo chileno otras repúblicas sudamericanas desencadenaron shocks económicos tendientes a liberalizar sus respectivos mercados: Bolivia en 1985, Argentina y Perú en los 1990s, etc. Paradójicamente, el Movimiento Nacionalista Revolucionario boliviano y el peronismo argentino, quienes en la post-guerra fueron los que implementaron modelos desarrollistas y populistas que promovieron nacionalizaciones, fueron quienes más abrazaron al pinochetismo económico. 

Chile aparecía como una locomotora económica que no quería las ataduras de bloques como el Andino o Mercosur para poder delinear sus propios tratados de libre comercio con el resto del mundo. Además servía de base para numerosas corporaciones que se extendían por doquier. Transnacionales chilenas fueron dominando varios sectores en otras naciones vecinas. En el caso del Perú lo hicieron avanzando en rubros como los de galerías de almacenes y supermercados, alimentos, energía, agroindustria, farmacias, turismo, etc. 

Los gobiernos post-Pinochet, incluyendo los 3 períodos de gobiernos socialdemócratas, no desarticularon el modelo o la constitución pinochetistas, aunque se limitaron a buscar hacer algunas concesiones sociales. 

DESIGUALDAD 

Un rasgo que domina a Chile es su extrema polarización social. Según un estudio de la Universidad de Chile en este país el 1% más rico concentra el equivalente del tercio de los ingresos nacionales. El 0.1% más rico de Chile retiene casi un quinto del ingreso de todo Chile. Uno de cada diez mil chilenos que pertenece a la ínfima minoría más millonaria detenta entre la décima o novena parte de la riqueza nacional.  

Si comparamos al 1% más pudiente de Chile con el de Suecia se ve que en el primer caso éste es 3.5 veces más millonario que el sueco, potencia europea cuya economía casi duplica a la chilena. 

Chile tiene uno de los mayores índices de pobreza relativa a ingresos entre los 35 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). 

A pesar de ser uno de los países latinoamericanos con mayores flujos de inversión extranjera directa, Chile ofrece un empleo por cada $600,000 de dichas inversiones, una tasa casi la mitad del resto del continente. 

Las matrículas universitarias de Chile son las más caras del mundo después de las de EEUU. Esto, pese a que los sueldos son de alrededor de $US 300 mensuales y al deficiente sistema educativo chileno. 

La salud está privatizada y el 90% de sus farmacias están controladas por 3 corporaciones (Ahumada, Cruz Verde y Salcobrand) quienes se ponen de acuerdo para aumentar conjuntamente precios a expensas de los enfermos. 

RESULTADOS 

Las protestas chilenas han obligado a que se suspenda en Santiago dos importantes cónclaves internacionales: el de la APEC (Cooperación Económica Asia Pacífico) Chile 2019 y COP25 (Convención de las Naciones Unidas para el Cambio Climático). También la final de la copa libertadores se trasladó de la capital chilena a la peruana. 

La imagen interna y externa de Piñera está muy dañada. Si bien, por ahora, tanto él como el ecuatoriano Moreno han podido ir toreando grandes marchas, no se puede garantizar que ninguno de los dos acabe su mandato, aunque en las siguientes elecciones es de esperar que triunfe la oposición.  

La debacle de Piñera es parte del agotamiento del modelo monetarista y también puede conducir a un realineamiento continental.  Piñera fue el anfitrión del Foro del Sur, un ente co-gestado por él para dividir y destruir la Unión de Naciones Suramericanas, el primer y único bloque que haya tenido ficho continente. Él antes viajó a la frontera colombo-venezolana para apoyar el ingreso violento de grupos destinados a derrocar militarmente al chavismo. 

Su desgaste se da al mismo tiempo que en Bolivia se ha confirmado la reelección de Evo Morales y que en Argentina los peronistas han derrotado a su aliado Mauricio Macri. 

Las protestas chilenas pueden influir en la población peruana, ya de por sí muy descontenta con la corrupción y el disuelto congreso fujimorista que fue tan admirador del modelo económico, de los Administradores privados de Fondos de Pensiones (AFP) y de las corporaciones de Chile. 

Mientras Ecuador y la vecina Bolivia tienen tradiciones de levantamientos populares que deponen presidentes constitucionales, en Chile la dictadura no cayó con una revolución y la transición entre ésta y la “democracia”, así como entre cada uno de los siguientes gobiernos constitucionales ha sido ordenada. Si bien la oposición chilena persiste en que se respete el término del mandato constitucional,  no se descarta que el descontento callejero conduzca a paralizaciones a nivel nacional y a una posible caída de uno de los presidentes más millonarios de su continente. 

Isaac Bigio

Politólogo economista e historiador. Enseñó política chilena y latinoamericana en la London School of Economics and Political Sciences (LSE).



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