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Ailanto, ropa de otra época bajo la visión de Fortuny

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Con un visión cosmopolita, Ailanto ha presentado una colección con un punto de "melancolía", con aires de otro tiempo y bellos estampados sobre terciopelos y gasas durante la cuarta jornada de la pasarela madrileña, en la que también han participado Ulises Mérida y Angel Schelesser.

Exquisitos estampados vuelven a instalarse en el nuevo trabajo de Ailanto, bajo la creatividad de los hermanos Aitor e Iñaki Muñoz, quienes se han inspirado en el diseñador Mariano Fortuny y Madrazo para concebir una colección ecléctica con abrigos de doble cuello, blusones drapeados, petos, pichis y túnicas.

Como hacía Fortuny, han "dibujado los estampados sobre una base de índigo", ha explicado hoy a Efe Aitor Merino, diseñador que reconoce que toda la colección está arropada por una "melancolía romántica".

El desfile ha comenzado con unas piezas empolvadas, prendas que cedieron paso a una serie de vestidos, monos y batines ligeros de terciopelo, unos estampados con bandadas de aves sobrevolando una laguna, otros con ramas de olivo, dalias, pompones, claveles o malvas.

Ailanto ha reinterpretado el clásico Delphos -vestido de seda plisada de líneas sencillas, al estilo de una túnica griega que colgaba de los hombros- con un modelo de terciopelo de seda "stropocciato " con escote asimétrico y anudado en un solo hombro.

Con una visión muy particular de la moda, Ailanto se mantiene alejado de tendencias y de movimientos de vanguardia y propone prendas atractivas, favorecedoras que se inspiran en el pasado, pero siempre miran hacia el futuro.

Volantes en pecheras y hombros, pequeñas jaretas y falsos plises adornan blusas con acabados brillantes para el próximo otoño e invierno 2018-19.

Ulises Mérida también mira al pasado para componer una colección de líneas suaves y poco definidas en las que "los contornos se difuminan con superposiciones", ha explicado el diseñador que ha dejado a un lado los tonos saturados de otras ocasiones.

Siluetas que sin embargo resultan envolventes, con líneas precisas con las que se atreve a recuperar la capa clásica española "pero actualizada, haciéndola más femenina" y acorde a los tiempos en una colaboración con la mítica casa Capas Seseña.

El diseñador continúa apostando por el lujo de la fabricación artesanal, así que todas las prendas de punto con textura piqué han sido tejidas "por mujeres de la cuenca minera de León que están en riesgo de exclusión social", ha explicado el diseñador.

Los paños de lana de las prendas de abrigo, conviven con la delicadeza del gazar de seda, el tafetán con estampado geométrico en blanco y negro, además de satén o tul.

La obra del pintor Mark Rothko ha inspirado la colección de Angel Schlesser, en la que han primado las líneas sencillas y la superposición de tejidos como la lana y la seda en distintas texturas.

Los bloques de color, desde negros y rojos hasta tonos pasteles pasando por verdes botellas, tejas o azules y grises han coloreado vestidos, abrigos y pantalones.

Entre las propuestas comerciales destacan "chaquetas y abrigos de lana merina", ha explicado Carolina Menéndez, diseñadora de la firma, quien ha adelantado que el próximo mes de marzo abrirán tienda en Málaga y después en Palma de Mallorca.

Por la tarde, desfilarán los diseñadores Malne, Oliva, Teresa Helbig, Cust BCN y Moisés Nieto.

DETRÁS DE LA PASARELA. NERVIOS Y ADRENALINA

Hemos visto la moda sobre el escenario, opero hoy queremos mostrarles lo que se vive entre bambalinas antes de cada desfile. Nervios, retoques de última hora y, eso sí, de mucha satisfacción después de seis meses de duro trabajo.

Las modelos desfilan, seguras, con firmeza y sacando lo mejor de sí mismas. Minutos antes, los nervios y los retoques de última hora poco tienen que ver con la serenidad que se respira en la pasarela.

Un poco de laca, arreglar esa ceja que se ha despeinado, todo tiene que salir perfecto. Hasta el último momento se trabaja para que esto sea así. En los instantes previos van a contrarreloj.

Y lo más esperado ha llegado. Comienza el desfile. Seis meses de trabajo, por fin, se materializan, en 20 minutos sobre la pasarela.