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Sobre la preagonía y la agonía

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Por JMM Caminero

 

Se suele definir y describir la agonía como el estado que sufre un ser vivo antes de la muerte o los momentos o días que preceden a la muerte. También algunos autores indican que es el paso intermedio entre la vida y la muerte.

Se podría entender la preagonía, ese tiempo anterior a la agonía, esos días o meses o años, en el cual el ser humano está sufriendo una grave enfermedad, y que sabe o prevé o presiente  que no va a salir de ella, que puede durar más tiempo o menos, pero que sus condiciones de vida están mermadas gravemente, por ejemplo, no puede levantarse de la cama, o no puede moverse del lecho para cambiar de postura, o no puede andar, o no está en situación de realizar multitud de actos normales en la vida.

Comprendo que un artículo de este tema, no sea apreciado, ni del gusto de casi nadie, porque recordar una realidad, que de muchos modos se puede producir, y que todo el mundo intenta olvidar, Pero como siempre, como articulista tendremos que rozar las palabras con todo tipo de cuestiones, y ésta es una más.

Ciertamente, quizás vivamos en una civilización europea que de alguna manera, por multitud de razones o causas o motivos no somos conscientes, o no queremos serlo, de que existe “la última enfermedad que puede ser larga o corta”, y después existe la “agonía”.

Es como si de la noche a la mañana, de la sociedad, de la cultura, de alguna manera, todos estos procesos hayan desaparecido, quizás antes, en cualquier familia, existía un miembro que ya estaba en alguno de esos dos estados. Por lo cual, la enfermedad, la última enfermedad, la agonía era una realidad visible y real. Pero ahora a causa de los centros sanitarios, por medidas terapéuticas de limitación del dolor en la fase final de la existencia, por la mejora de cuidados, etc., todo esto bueno y necesario, porque un organismo no se le puede dejar sufrir sin necesidad, siempre que existan remedios paliativos de limitación del dolor.

Pero esa última enfermedad, que quizás se combine con otras, que quizás sea la última fase de enfermedades que se han padecido durante meses o años, pero que los sistemas de salud actuales, han ido permitiendo que ese ser humano continúe existiendo y viviendo. Esa última enfermedad que puede dejar al enfermo en una situación limitada, en diversos grados, de autonomía física o biológica o psicológica o espiritual.

Pensad que un simple escozor de piel, una persona que esté en cama, que no pueda mover los brazos, que quizás no pueda hablar, puede tirarse con ese simple síntoma y dolor, durante horas. Por lo cual, una realidad que durante décadas, cualquier ser humano ha ido superando sin darse cuenta, sin ser consciente de las consecuencias para él o para ella. En este nuevo contexto de última enfermedad, de preagonía o de agonía puede tener mucha importancia.

Todos los recuerdos buenos o malos o regulares que pueden venirle a la conciencia, todos los sufrimientos psicológicos debido a actos o no-actos que haya realizado durante su existencia. El dolor, se supone de conciencia, de autoconciencia, el dolor que se ha indicado durante siglos como “dolor de conciencia”.

Quizás, dependiendo de circunstancias, quizás variando según las personas, pueden venir al ser humano una multitud de recuerdos, de una agonía psicológica, por haber hecho lo que hizo, por no haber hecho lo que no hizo. Incluso resolver problemas que durante años le han preocupado, pero que ahora no puede ya escribir o expresar la solución que ha encontrado.

El temor a la misma muerte, y no solo al sufrimiento o a la agonía, el temor a la muerte, que quizás tenga dos caras, si se espera que no exista nada después, que no tengamos vida inmortal o alma o eternidad para cada uno de nosotros, puede sentir ese dolor profundo de saber que uno desaparece, y que no hay nada.

Y también si la persona cree que hay Dios, que tenemos alma inmortal, y que existe el Juicio Particular, quizás la persona tema no haber hecho o pensado o deseado o realizado o hablado temas y cuestiones no convenientes, o puede temer al Juicio de Dios sobre sí misma, o juicio particular, o debe tener muchos escrúpulos, por su forma de ser y de su conciencia y, temer, temer grandemente lo que puede venir. Personas que siempre han sido de buena voluntad, pero que otras personas, le han hecho mal, y se han tenido que defender, y tengan graves sufrimientos de conciencia. Personas de buena voluntad, que toda la vida, encima han pasado como personas de mala voluntad.

O quizás en otros caos, personas que durante toda su existencia, ha tenido una aptitud y actitud ambivalente sobre las cuestiones morales, sobre Dios. Y por tanto, no confía o no tiene suficiente fe en la infinita misericordia o piedad de Dios sobre su misma persona, sobre si misma.

En el mundo de la cultura, que es diríamos del que yo estoy más atento, durante años y décadas, en los medios de comunicación, existen unas docenas de personas, que por una razón o por otra, siempre están en el candelero. Pero si son mayores que tú, llega un momento, que a no ser que tengan una muerte rápida por un accidente, interno o externo.

Llega un momento que sabiendo y conociendo que están vivos, dejan de estar presentes en el mundo de la comunicación y de la cultura. Y entonces, ya sabes, por haber visto este fenómeno muchas veces, que este autor o esta autora, especialista en algún campo de la cultura, y si es diez o quince o veinte o treinta años mayor que tú, posiblemente haya entrado en el laberinto de la última enfermedad, que le está mermando mucho sus fuerzas, y su presencia cultural. Ya sabes que sus últimos momentos, que pueden durar, días o meses o algunos años, ya le están llegando. Y la preagonía o la agonía, la penúltima o última fase ya está tocando a su puerta.

Para ir llegando al término de este artículo, solo indicar, que seamos conscientes de esta realidad, y por tanto, cuándo estemos en la plenitud de nuestras fuerzas, no olvidemos, que una conciencia recta que intenta realizar actos buenos y verdaderos, es un ingente capital que se puede ir acumulando para el final de la vida. En segundo lugar, es bueno creer que puede existir el Buen Dios, y es bueno, porque este último trago del existir se puede pasar de forma más correcta y menos agónica, con más esperanza. Tercero sería bueno, como durante siglos se enseñaba, que igual que el Nazareno sufrió una agonía atroz en sus últimas horas de su muerte, desde el Monte de los Olivos, la Captura, al Juicio del Sanedrín, y la misma muerte, muerte de cruz, que cada uno, tendrá que sufrir una pequeña agonía, incluso los que fallecen súbitamente, por un accidente biológico o de otro tipo. Paz y bien.

http://filosliterarte.blogspot.com.es   © jmm caminero (21-26 noviembre 2018 cr).

Fin artículo 1.462º: “Sobre la preagonía y la agonía”.

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