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La toxina botulínica como tratamiento de la migraña crónica

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La Dra. García de Casasola, neuróloga de Hospiten, explica que la inyección de toxina botulínica se ha consolidado como tratamiento preventivo para luchar contra este problema neurológico

 

La aplicación de Botox permite reducir a la mitad el número de crisis en un 70% de los pacientes

 

Santa Cruz de Tenerife, enero de 2018. La migraña es uno de los problemas neurológicos más frecuentes. Afecta a un 12% de la población (18-20 % de mujeres y del 5-6 % de hombres). Las personas que la padecen sufren dolores de cabeza recurrentes que pueden resultar muy incapacitantes. Una crisis no tratada puede durar de entre 4 y 72 horas, durante las cuales, además del dolor, el paciente puede sufrir otros síntomas, como que le molesten la luz o los ruidos, náuseas, vómitos, fatiga, inestabilidad o dificultad para concentrarse. Esta enfermedad es 3 veces más frecuente en las mujeres que en los hombres.  La mayor parte de los pacientes tienen 1 ó 2 accesos al mes, pero a veces la frecuencia del dolor aumenta progresivamente, transformándose en lo que se denomina migraña crónica.

Según explica la Dra. García de Casasola, neuróloga del Grupo Hospiten, la migraña crónica se caracteriza por la existencia de más de 15 días de dolor de cabeza al mes durante un periodo de más de 3 meses. Los pacientes que la padecen no pueden desarrollar su actividad laboral y familiar con normalidad y suelen consumir analgésicos diariamente con la esperanza de minimizar el dolor. Su tratamiento es complejo: generalmente es necesario realizar cambios en el estilo de vida y tomar varios tipos de medicinas, que no siempre son efectivas.

En los últimos años han surgido otros tratamientos, de los cuales el más conocido es el Botox (uno de los nombres comerciales de la toxina botulínica). El Botox se utiliza para tratar diversas enfermedades neurológicas desde hace muchos años. Según la doctora Carmen García de Casasola,  es uno de los tratamientos preventivos más efectivos para la migraña crónica. La aplicación de Botox permite reducir a la mitad el número de crisis en un 70% de los pacientes, tal y como se puso de manifiesto en el estudio PREEMPT (Phase III Research Evaluating Migraine Prophylaxis Therapy). Se cree que mejora la migraña bloqueando la transmisión del dolor.

El tratamiento lo realiza el neurólogo, inyectando la toxina debajo de la piel con una pequeña aguja. En cada sesión se administran de 150 a 200 Ui de toxina, repartidas en unos 30 puntos pericraneales (frente, sienes, regiones occipitales y cervicales). Es necesario repetirlo cada 3 ó 4 meses aproximadamente, que es el tiempo de duración media del efecto de la toxina.

La especialista de Hospiten también explica que la inyección de la toxina no produce efectos adversos reseñables y se puede combinar con los fármacos que se prescriben habitualmente para el tratamiento preventivo y abortivo de la migraña crónica. Es uno de los nuevos avances en el tratamiento de esta enfermedad, en el que se preveen novedades importantes en los próximos años.

 


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