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La doble cara de los miniempleos: menos paro y más precariedad laboral

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Los expertos alertan de que este tipo de trabajos puede empeorar aún más las condiciones laborales de las mujeres y los jóvenes 

«Si encuentras un primer trabajo poco cualificado en Berlín […], este será, en principio, el tipo de contrato que recibirás». La frase puede leerse en el sitio web de un colectivo que asesora de forma gratuita a los españoles que llegan a la capital alemana y que quieren trabajar. Se refiere a los llamados miniempleos (minijobs), contratos laborales de como máximo medio centenar de horas y 450 euros mensuales, prácticamente exentos de impuestos para los trabajadores, que mantienen los derechos durante las bajas laborales y los días de vacaciones.

En Alemania, los miniempleos se instauraron en 2003 con la voluntad de reducir el paro y hacer aflorar la economía sumergida. Hoy, unos 7,5 millones de ciudadanos de los más de 43 millones que conforman la población activa del país tienen este tipo de trabajo o modalidades similares. Estudiantes, jubilados o mujeres que buscan conciliar son beneficiarios potenciales. Pero los miniempleos no están exentos de críticas, como, por ejemplo, que pueden atascarse en la precariedad, ya que representan formas de contratación ágiles y cómodas para las empresas pero posibilitan sueldos por debajo del salario mínimo, lo que puede abrir la puerta a cobrar horas extras en negro.

En España, a pesar de que los gobiernos de Zapatero y Rajoy en principio se mostraron reacios a este tipo de contratos «a la alemana», la crisis redujo los trabajos indefinidos y a tiempo completo. Además, un decreto ley aprobado hace ahora cuatro años, que complementaba la reforma laboral de 2012, flexibilizó aún más la gestión del tiempo de trabajo en los contratos a tiempo parcial, que, así, pudieron acercarse un poco más a las características de los miniempleos, pero sin la exención de pagar impuestos y sin dejar de cotizar a la Seguridad Social.

Desde entonces, el paro se ha reducido y los pequeños contratos a tiempo parcial «han proliferado y se han insertado dentro de la normalidad laboral del país», explica Pere Vidal, abogado y profesor de Derecho laboral de la UOC. «Lo que ha sucedido es que, con la crisis, muchas personas solo han podido acceder a puestos de trabajo de pocas horas y, por lo tanto, con un salario más bajo», añade, por su parte, Gina Aran, experta en recursos humanos y profesora de Economía y Empresa de la UOC. La cuestión es si esto ha llegado para quedarse y, en caso de que sea así, cómo puede conseguirse que tenga más beneficios que costes para los trabajadores.

Poca cualificación y cotización más baja

¿Cómo son hoy los miniempleos «a la española» y quién los hace? «Son trabajos muy estacionales, muy de economía por demanda, trabajos que prácticamente pueden contratarse mediante una aplicación: cuidadora por horas, pintor por horas, etc. Son contratos que duran un día, o unas horas, que llevan al pluriempleo y la falta de especialización», detalla Vidal. Con todo, indica, muchas veces son contratos temporales que deberían ser indefinidos porque cubren necesidades estructurales: «Si me dedico a la mensajería, o a la restauración, y hago contratos temporales, a menudo estoy cubriendo necesidades estructurales de la empresa», deja claro el experto.

Eso sí, este tipo de contratos suelen hacerse «para trabajos menos cualificados o temporales, en los que a la empresa le es más fácil prescindir de un trabajador», destaca Gina Aran. Son trabajos que pueden ser buenas opciones para estudiantes antes de encontrar empleos a tiempo completo: «Los hacen sobre todo gente joven, y en principio con poca cualificación, pero a veces encontramos a gente titulada universitaria que hace de repartidora por horas porque no encuentra trabajo de lo que ha estudiado», subraya Vidal.

«Un problema que tienen es que, al final, las prestaciones que obtienen son más bajas aunque hagan muchos pequeños trabajos, porque cuanto más reducido es el salario, más baja es la base de cotización y, por lo tanto, más pequeña la prestación», indica el abogado y profesor de la UOC. «Una de las cosas que están pasando en Alemania es que hay más gente que tiene trabajo, pero que no consigue salir de los umbrales de la pobreza aunque esté ocupada», añade en este sentido.

Feminizar la precariedad laboral

Aunque en Alemania, indica Aran, «muchas mujeres se acogen a los miniempleos para poder conciliar trabajo y familia cuando en la unidad familiar entra otro sueldo principal, porque fiscalmente es más favorecedor». De hecho, subraya, «originariamente, los miniempleos estaban pensados para que las mujeres que estaban en casa se incorporaran al mercado de trabajo». Sin embargo, apunta, de la buena intención se ha pasado a la precariedad. «A estos miniempleos también se los ha llamado contrato de género, ya que pueden ser una trampa para la carrera profesional de las mujeres», advierte la profesora de Economía y Empresa de la UOC.

Vidal destaca que en España también sucede: «Hoy en día, la contratación temporal y a tiempo parcial está feminizada, pero ¿esto es forma de conciliar trabajo y familia? Yo creo que no, porque en principio las mujeres y los hombres tienen las mismas responsabilidades en casa y porque existen herramientas, como la reducción de jornada, que pueden utilizarse en contratos indefinidos a jornada completa. Estos miniempleos pueden ser una forma más de feminizar la precariedad laboral», lamenta Vidal.

Cumplir las horas estipuladas y equilibrar las necesidades de todos

A pesar de que Alemania ha marcado un camino para mejorar la empleabilidad y de que no existen soluciones mágicas, tanto Aran como Vidal coinciden en que el de los contratos a tiempo parcial no puede ser el único modelo que guíe las relaciones laborales. «Lo que yo propondría como política es que la Administración controle mucho más las obligaciones de las empresas: que se compruebe si se están haciendo solo las horas que se han estipulado y si los contratos son adecuados a sus necesidades reales», explica Vidal.

Por su parte, la profesora de Economía y Empresa de la UOC afirma: «Yo no tengo la solución que no han encontrado los legisladores, pero los gobiernos pueden incentivar la conversión de estos contratos en contratos a tiempo completo, pueden impulsar de otros tipos, limitar el número de contratos precarios que puede hacerse o circunscribirlos a colectivos muy concretos». Eso sí: «Cuantas más personas estén subempleadas, con bajos ingresos, además de no lograr el bienestar del que hace gala nuestra sociedad avanzada, más costará movilizar la economía en la medida en que no podrán consumir. A la larga, cuando necesiten ayudas o subsidios para sobrevivir, se convertirán en gasto público y privado en muchos casos».

Trabajar a tiempo parcial sin quererlo

De momento, según revelan los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) referentes a 2016, un 74,7 % de los hombres y un 60,1 % de las mujeres de entre 25 y 49 años que trabajan a tiempo parcial preferirían hacerlo a jornada completa. Entre los más jóvenes, que quizás deberían estar más de acuerdo en tener pequeños trabajos, la proporción supera igualmente el 50 %.

A mediados de marzo, la OCDE también presentaba un informe sobre España en el que indicaba que su mercado de trabajo se caracteriza por tener una elevada proporción de trabajadores temporales (25,7 % en 2015); que el trabajo a tiempo parcial aumentó durante la crisis y actualmente se sitúa en el 15,2 %, y que más de la mitad de este porcentaje son trabajadores parciales involuntarios. «Los trabajadores temporales y a tiempo parcial pasan por períodos de paro y de subempleo, lo que reduce sus ingresos e incrementa la pobreza», advierte el informe.


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